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Domingo 25 de agosto 2013

Diálogo sin futuro

Por: Fernando Rospligiosi
Diálogo sin futuro
Foto: nopaper.pe

El diálogo propuesto por el gobierno es solamente una maniobra política destinada a detener su caída en las encuestas. No hay ningún interés real en escuchar a los opositores o llegar a algún tipo de acuerdo con ellos.
 
La oposición también sabe eso y participa de la comedia con sus propios intereses y objetivos. En realidad, es una farsa en la que finalmente todos buscan engañar al público, que probablemente no le prestará demasiada atención ni se dejará embaucar.
 
Mucha verborrea, cero credibilidad
 
De pronto, cuando caía en picada en las encuestas, el gobierno dio un repentino viraje de 180 grados y pasó, de atacar con virulencia a los principales opositores, a proponerles un diálogo que nadie sabe a dónde llevará.
 
Sin embargo, el presidente Ollanta Humala ha seguido ninguneando y maltratando a los líderes de la oposición, mostrando que, en realidad, el diálogo le interesa un comino.
 
El encargado de llevar adelante las conversaciones es el premier Juan Jiménez, que no tiene ni credibilidad, ni poder, ni peso propio. Solo posee una verborrea inagotable, un discurso vacío de contenido que un día va en un sentido y al siguiente en otro, de acuerdo con las órdenes que va recibiendo del presidente o de la primera dama.
 
En síntesis, nadie en su sano juicio irá a conversar con Jiménez creyendo que algo importante puede salir de allí.
 
¿Para qué?
 
No hay en el país una crisis gravísima ni una conmoción nacional que amerite que todos depongan sus diferencias con un objetivo común.
 
El gobierno no está jaqueado por un Congreso que impide que se aprueben leyes decisivas. Al contrario, lo maneja a su antojo, aprueban lo que les da la gana –muchas veces para peor– y no hay ni un atisbo de fiscalización al Ejecutivo. La corrupción y los errores quedan impunes.
 
El problema más serio es la desaceleración de la economía, pero ahí los partidos políticos no aportan nada novedoso. Los puntos de vista de ellos han sido expuestos públicamente y el gobierno puede tomarlos o dejarlos. Nadie está planteando cambiar al ministro de Economía ni hacer un giro radical en ese campo y, si Miguel Castilla quisiera escuchar ideas, le bastaría convocar discretamente a los expertos que cree conveniente. Sin duda, acudirían.
 
Por último, si el presidente necesitara realmente llegar a un acuerdo sobre algún tema urgente con algunos, convocaría él mismo a los indicados, sin aspavientos ni fanfarrias.
 
En síntesis, por donde se le mire, el diálogo, tal como está planteado es una payasada que no conduce a nada. ¿Qué puede salir de una reunión entre el inútil Jiménez y el pastor Humberto Lay? ¿Qué aporte al país dará la conversación entre los restos de Perú Posible y el invisible premier? ¿Qué brillantes soluciones pergeñarán el líder de Somos Perú Fernando Andrade y el imperceptible Jiménez? Y así hasta el infinito.
 
Manipulando cifras
 
El otro tema planteado, la seguridad ciudadana, va de mal en peor y no va a mejorar porque se produzcan reuniones como las que empezarán el lunes.
 
El gobierno, acompañado de casi toda la oposición, continúa haciendo burradas. Acaban de aprobar otra ley contra la delincuencia, como si el problema fuera tener más leyes.
Como bien ha señalado el penalista Mario Amoretti, la ley contra el crimen organizado lo único que ha hecho es cambiar de lugar o de nombre la tipificación de los delitos. (“La ley no aporta nada contra la delincuencia”, El Comercio, 21.8.13).  Nuevamente se trata de entretener a la ciudadanía haciéndole creer que con más leyes se va a mejorar la seguridad.
 
Un botón de muestra de cómo hacen todo lo que está a su alcance para empeorar las cosas. El gobierno está desarmando, en la práctica, a los civiles, pretendiendo confiscar ciertas armas adquiridas legalmente, haciendo casi imposible comprar armas o renovar licencias, en una situación en la que el Estado es incapaz de brindar seguridad a la población y los delincuentes están cada día más violentos.
 
Si el ciudadano que hace unos días abatió un delincuente que pretendía asaltarlo hubiera estado desarmado, hoy podría estar muerto o, en el mejor de los casos, le habrían robado su vehículo.
 
Con la nueva política del gobierno estaría muerto o desvalijado porque ningún civil podrá tener un arma legal.
 
Finalmente, se debe mencionar que se ha confirmado lo que se había advertido en esta columna desde hace tiempo, el gobierno está presionando a la fiscalía para manipular las cifras de la tasa de homicidios. Y el fiscal José Peláez ha cedido a los apremios. Ha anunciado que en el futuro sus datos se van a parecer a los que la Policía falsifica, que son menos de la mitad de los de la fiscalía. (El Comercio, 22.8.13).
 
Así –creen ellos–, la sensación de inseguridad disminuirá y todos viviremos felices.
 

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COMENTARIOS
1 comentarios
TIENE RAZON,ES QUE LOS ADJETIVOS COMENZARON A DISTANCIARSE ,EL NINGUNEO CUADO LAS CIFRAS ESTABAN ENCIMA DEL 50 POR CIENTO,AHORA QUE LA ACEPTACION RODEA SEGUN ENCUESTAS EL 24 SIGUIENDO A LA BAJA., POR MAS QUE ESCONDAN A LA PRIMERA DAMA POR EL BAJON EN EL DESFILE PATRIOTICO,LA PENA QUE ME DA ES QUE SE METE COMO PROTAGONIZTA AL IMPRESENTABLE CONCHUDO DE DEL CASTILLO EN EL APRA ,,,ES UN CARA DURA,,COMO ME DUELE VER LO EN PRIMERA FILA..UNA LASTIMA QUE GANEN LOS CORRUPTOS COMPROBADOS
25 de agosto 2013
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