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Domingo 08 de septiembre 2013

[Madrid] La decepción enmudeció a la multitud en la Puerta de Alcalá

Por: Martín Rodríguez Yebra [*]
[Madrid] La decepción enmudeció a la multitud en la Puerta de Alcalá
Foto: www.abc.es

De repente se apagaron las luces de colores en la Puerta de Alcalá. Se hizo silencio entre una multitud de miradas perdidas. El cielo se pobló de unos globitos rojos que se habían repartido para ponerle color al festejo y que a esa hora, las 21.02, se alejaban por el aire como el frustrado sueño olímpico.

La candidatura de Madrid había sido eliminada en la primera tanda de votación y las más de 30.000 personas que habían pasado la tarde en la calle palpitando la llegada de la historia quedaron congeladas. "¡Hostia!", decía un joven, manos en la cabeza, apoyado contra una valla delante de la estatua de la Cibeles. Un río de gente huía a su alrededor. Se chocaban de tanto mirar el suelo. "Estos tíos del Comité Olímpico son mala gente. ¿Por qué nos dejan presentarnos tres veces seguidas para decirnos siempre que no?", se quejaba Josema Hierro, camiseta con el 7 del Real Madrid.

España estaba en vilo por lo que pasaba en Buenos Aires desde hacía una semana. Después de 10 años de intentar ser sede de los Juegos, los últimos días la expectativa se convirtió en estrés para buena parte de los madrileños. No sólo para los políticos Madrid 2020 representaba la esperanza de un renacer. El principio del fin de cinco años de recesión, desempleo masivo y recortes. Habían llegado a creer en un favoritismo que no se reflejaba entre los analistas neutrales.

Desde el mediodía, la municipalidad cerró al tránsito la calle de Alcalá y toda la zona monumental de la capital. Pantallas gigantes, shows musicales y conexión permanente con Buenos Aires. Los madrileños rememoraban las noches recientes de gloria deportiva: la final del Mundial 2010, las últimas eurocopas... "No podemos perder. ¡Esta vez los Juegos son nuestros!", arengaban desde los parlantes.

A media tarde llegó la presentación de la candidatura. Hubo algunos silbidos para Mariano Rajoy, mientras daba su discurso con tono chillón y mirando sus apuntes escritos, sin usar el conveniente teleprompter que tenía enfrente. La tormenta en Buenos Aires hizo que se cortara la transmisión en medio de los discursos españoles. "Esto es la Kirchner", bromeó un señor de boina negra en un bar de Alcalá. Cuando volvió la señal apareció el príncipe, con su dominio de los idiomas y de las cámaras. Deslumbró a la mayoría, que fantaseó con estar oyendo a Felipe VI, el rey que algún día será.

A las 20.45, las pantallas volvieron a la Argentina. Empezó a llover, una garúa finita de esa que no llega al suelo. ¿Mal presagio; gesto de sintonía con Buenos Aires? Un grito ensordecedor reveló el tamaño de la ilusión: fue cuando Jacques Rogge anunció que había un empate entre Madrid y Estambul. Pocos entendieron que lo que había que decidir era cuál de las dos quedaba fuera de competencia.

Enmudeció la ciudad. Madrid se apagó en un suspiro. Cuando en Buenos Aires se conoció el triunfo de Tokio, en la Puerta de Alcalá sólo se veía la marcha triste de los barrenderos, que se apuraban a borrar el rastro de la fiesta que no fue.

[*] Artículo publicado en el portal del diario La Nación de Argentina

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