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REDES SOCIALES
Miércoles 11 de septiembre 2013

Maduro y su cruzada anticorrupción

Por: Ricardo Combellas
Maduro y su cruzada anticorrupción
Foto: thisdaylive.com

El presidente Maduro ha decidido desarrollar una cruzada anticorrupción. Al publicarse este artículo seguramente ya se ha dirigido a la Asamblea Nacional a efectos de solicitar poderes habilitantes para, a través de decretos con fuerza de ley, aprobar o modificar la legislación que le permita atacar más eficazmente el terrible flagelo. La cruzada llega tarde, pero como reza el dicho popular, más vale tarde que nunca. En efecto, uno de los puntos débiles de la llamada revolución bolivariana ha sido desde sus orígenes su flaqueza moral. Las verdaderas revoluciones son morales o no son revoluciones. Es la llamada moral revolucionaria, que en el caso venezolano tiene además el reto de que su inspirador por excelencia, el Libertador Simón Bolívar, hizo de la lucha contra la corrupción del poder un postulado fundamental de su proyecto de nación. Bolívar fue un convencido y auténtico republicano, para el cual las virtudes cívicas estaban impregnadas hasta los tuétanos de la eticidad consustancial al ideal republicano. Resuenan con absoluta vigencia sus palabras del Discurso de Angostura: "los códigos, los sistemas, los estatutos por sabios que sean son obras muertas que poco influyen sobre las sociedades: ¡hombres virtuosos, hombres patriotas, hombres ilustrados constituyen las repúblicas!".

Seamos crudos y sinceros. La corrupción en Venezuela es endémica; no sólo está incrustada en la sociedad, donde no se cultivan con ahínco los valores éticos, sino que se potencia en los intersticios del poder, amalgamada tanto con el poder económico como con el poder político. Se produce una aberrante relación dialéctica entre el poder y la corrupción, pues al unísono el poder es hijo de la corrupción y la corrupción es hija del poder. Bolívar ha tenido en este sentido pocos auténticos herederos políticos en este punto. Seguramente el estadista más preclaro sobre tan delicado tema y sus perversas consecuencias, lo fue Rómulo Betancourt. Lo digo sin ambages, pues no soy ni he sido nunca simpatizante ni de Acción Democrática y tampoco de la socialdemocracia. Betancourt tiene que haber muerto sumido en la tristeza, al observar como el experimento democrático que tanto había costado forjar, languidecía carcomido por el cáncer de la corrupción.

Con todo respeto por el pueblo chavista, a mi modesto entender el desaparecido presidente y líder indiscutido de la revolución bolivariana, Hugo Chávez Frías, no estuvo a la altura del compromiso de erradicar el terrible flagelo. Basta observar los símbolos del poder (las lujosas quintas, las lujosas fiestas, los lujosos automóviles, etc.), y el modo de vida de tantos "bolivarianos", para resaltar el mentís de las intenciones tantas veces proclamadas. Ha surgido en estos tres lustros una rampante y vergonzosa  "boliburguesía", la cual ha desvirtuado gravemente los cimientos del régimen que si se sigue fomentando, ¡si ya no es demasiado tarde!, lo conducirá más temprano que tarde a un estrepitoso fracaso.

El que esto escribe no es hostil  a la cruzada de Maduro. Parto aquí del principio de la buena fe. No peco de ingenuo; se trata de una tarea hercúlea, dado que la corrupción ha invadido demasiados espacios, está incrustada como nunca antes en la sociedad y en el Estado venezolano.  En definitiva, el tiempo, las obras y las acciones que se emprendan nos demostrarán la sinceridad de su discurso y sus reales posibilidades de éxito.

Nota publicada en eluniversal.com


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