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REDES SOCIALES
Martes 01 de octubre 2013

Pertenencias múltiples

Por: Grover Pango Vildoso
Pertenencias múltiples
Foto: Difusión


Grover Pango, autor de estas líneas


Cuando Abraham Maslow propuso, en su “Teoría de la Motivación Humana” (1934),  que los hombres solíamos asignar un peldaño vital a  la satisfacción de las necesidades sociales de amor y pertenencia, tal vez no pudo imaginar la dimensión de su aserto. El sicólogo la llamó “necesidad de afiliación”.

Como está ampliamente difundido, Maslow estudió el comportamiento de las personas y postuló el afán humanista de la “autorrealización” como el anhelo de querer realizarse en todas las potencialidades que los seres humanos suelen tener. A diferencia de otros científicos que preferían tratar a personas con problemas sicológicos, Maslow estudió a individuos saludables. Esto le proporcionó información para su teoría de que la gente vive “experiencias cumbre”, que son esos momentos sublimes en la vida de las personas cuando se hallan en armonía consigo mismo y con su entorno.

Trabajando en talleres sobre el desarrollo de las personas y las colectividades, uno de los aspectos que mayor entusiasmo genera es, precisamente, el de la pertenencia. Es ese estadio en que el ser humano va alcanzando la satisfacción de sus necesidades de aceptación social en diversos planos. En el lenguaje de los estudiosos de la “autorrealización”, se dice que ocurre cuando las personas “están listas para compartirse a sí mismos con otros”.

Lo más interesante de los encuentros con grupos multidisciplinarios se halla en la diversidad de enfoques y opiniones de los participantes. En los diálogos en torno a las “nociones de pertenencia” con estos grupos se va construyendo –sin ninguna pretensión de originalidad, por cierto- lo que ellos reconocen y ofrecen como parte de sus vivencias.

Una primera propuesta es de la “pertenencia institucional”. De suyo la primera institución a que pertenecemos es la familia. Pero nuestra evolución social suele ponernos en manos de otra instancia que ha tomado diversas denominaciones, pero que podría simplificarse como el “barrio”. Seguramente ha dejado huella emocional la identidad “escolar” o “estudiantil”, que suele ser muy duradera. Y desde allí se diversifican muchas “instituciones” a las que pertenecemos, de las que somos o nos sentimos parte. Por un lado estará el centro laboral, el gremio o el colegio profesional.

Hay personas que gustan mucho integrarse en clubes o asociaciones de diversa índole. En otra dirección, sin duda, está la identidad religiosa o confesional. Mucha gente se identifica ideológica o partidariamente en política. En innumerables casos hay una afiliación deportiva que, en tiempos de globalización, nos hace parte de colectividades planetarias. Y en el mundo virtual no existen límites para las membresías.

La segunda propuesta tiene una dimensión espacial: la “pertenencia territorial”. Puede comenzar por el barrio nuevamente, en su acepción física, material.  Le seguirán –como en círculos concéntricos- el centro poblado y luego el distrito. Luego vendrán la provincia y el departamento. Algún día, a lo mejor, vendrán en nuestro país las regiones que por ahora no existen. Sigue después la nación peruana, las comunidades subcontinentales y los continentes. Tal vez los hemisferios. Y finalmente el planeta.

Nunca estará de más recordar que, como seres humanos, nuestra esencia social nos invita a abandonar cualquier intento de aislamiento. Aunque nuestra vida sea el eje natural de la existencia, existimos con los demás y para los demás.

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