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Lunes 18 de noviembre 2013

Criminales y defensores

Por: Sofía Flores
Criminales y defensores
Foto: Difusión

Observando nuestra historia, al Perú no le fue suficiente la guerra del pacifico para comprender la importancia en salvaguardar nuestros intereses nacionales, a diferencia de aquellos países  quienes  a consecuencia de la guerra aprendieron a enfrentarse cara a cara con el enemigo, hasta defender cada espacio de su territorio, su casa, familia y hasta su vida.

Luego de la etapa sangrienta vivida durante la subversión cuando toda nuestra institucionalidad democrática se quebró con los atentados a las instituciones, asesinato de autoridades, secuestros e intimidaciones, nuestro país paso a la etapa de la reconstrucción nacional en muy corto tiempo, logrando estabilización financiera, con un crecimiento sostenido gracias al cual ahora vemos sus frutos, no obstante esta tranquilidad financiera se ve empañada por un sentimiento de fracaso por no haber logrado la tan preciada reconciliación entre peruanos, por el contrario desde cada rincón del país se percibe resentimiento, odio, sed de venganza y enfrentamientos, hábilmente manejado por grupos extremistas con fachada democrática.

La etapa de transición con el gobierno de Paniagua, posteriormente con la presidencia de Alejandro Toledo estuvo marcada por intereses políticos, conocedores de toda la inmoralidad democrática inmersa en todos nuestros gobiernos, se preocuparon más en rencillas personales y partidarias, con un solo objetivo derrumbar el fujimorismo, atacarlo, perseguirlo, hostigarlo hasta someterlo a minuciosas acusaciones judiciales, dejando a un lado aspectos trascendentales muy valiosos para nuestra ansiada reconciliación, “la solidaridad y unión entre los diversos representantes políticos”,  a fin cerrar esta etapa  sangrienta  siendo justos y honestos, esto se hubiera logrado con una comisión netamente imparcial e integrada por cada uno de nuestros líderes democráticos.

Bien sabemos la “comisión de la verdad y la reconciliación” no consiguió este objetivo porque tomaron un principio fundamental de los derechos humanos sin sentido de justicia, justificando  el accionar subversivo, sin mediar reparación alguna por estos, iniciando una política de indemnizaciones a estos criminales, con la venia de las Aprodeh lógicamente porque parte de los fondos de estas asociaciones provienen de estas indemnizaciones, así sin tener el mínimo criterio de las consecuencias por estas medidas, hoy son muchas las victimas reclamando procesos de compensación monetaria por parte del estado, trayendo consigo una cadena que jamás terminara, porque las secuelas de esta barbarie son tan profundas que abarcaran muchas generaciones, esto perjudica a toda la nación, y beneficia a las Aprodeh.

Debemos tomar cartas en el asunto de una vez por todas, mediante una convocatoria de fuerzas democráticas dejando de lado diferencias ideológicas buscando mediante la concertación corregir errores, reconociendo el valor de aquellos peruanos quienes dieron su vida por nuestra tranquilidad, este puede ser el inicio de una política de buena fe para devolverles la dignidad y el agradecimiento que se merecen.

La CVR solo consiguió tolerancia para las facciones subversivas e intolerancia hacia las personas que la combatieron, colocando en un mismo nivel a criminales y defensores. Para muchos peruanos  es difícil entender a las fuerzas defensoras de un país, por cuanto la gran mayoría jamás ha estado de cara a cara con el enemigo, mucho menos han tenido que defender el hogar con sus manos,  es una lección muy trágica de aprender, ojala no lleguemos a ese punto y podamos tomar conciencia a tiempo, siendo más consecuentes con nuestros defensores.

El atentado a Tarata en época del terror, según los subversivos fue un error táctico porque el punto de ataque era una institución bancaria, para ellos no hubo investigaciones ni hostigamientos, si  nuestros defensores fallan se les vienen encima todo el peso de la ley obviando injustamente que son seres humanos y no maquinas sin opción de error.

Un joven mata a un delincuente por defender a su novia y es denunciado como criminal, un muchacho se defiende de una turba pandillera con un revólver y es encerrado como un criminal junto a ellos, un policía por defender a un ciudadano dispara a un criminal y es sometido a todo un proceso institucional e inclusive judicial, le cae encima todo el conglomerado de asociaciones pro derechos humanos, así también las criticas moralistas e hipócritas, como si fuera un criminal, soldados en el campo de batalla entran en acción a cumplir un operativo, la gente los reclama, los alaba, pero después los llaman criminales.

Fácil es pedir a otro que manche sus manos con  sangre para defendernos, pero somos mezquinos para no comprender la situación de esta persona que no pidió entrar en conflicto simplemente el enemigo llego  y tuvo que enfrentarlo.

El criminal destruye para su beneficio, aniquila, atenta egoístamente  contra la sociedad de todo país, el defensor destruye para salvaguardar la integridad de los habitantes así como la infraestructura y el progreso de un país.

El principio fundamental de los derechos humanos es defender la vida no destruirla, empecemos a tomar conciencia real del sentido de justicia para llamar criminales a los todos aquellos delincuentes al margen de la ley.

Seamos consecuentes y tolerantes para aquellos peruanos encargados de velar por nuestra tranquilidad, tratándolos como seres humanos valiosos porque son nuestros DEFENSORES.

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