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Viernes 13 de diciembre 2013

Un pequeño homenaje a un gran hombre

Por: Agustín Albornoz S.
Un pequeño homenaje a un gran hombre
Foto: news.com.au

Como es de todos sabido acaba de fallecer Nelson Mandela, abogado, político y pacifista oriundo de Sudáfrica, fue premio Nobel de la Paz en 1993 y el primer Presidente de color de esa nación en el período 1994-1999. Fue un símbolo de la lucha no violenta contra la segregación racial y estuvo 27 años de su vida preso por oponerse y luchar contra el "apartheid", que era el sistema de segregación racial que se instauró en Sudáfrica formalmente en 1948 hasta 1992. El sistema del "apartheid" se llamó así porque consistía en la separación de los lugares y servicios a los que podían acceder personas de raza blanca y de color; por supuesto mientras las personas de raza blanca accedían a los mejores, las de color solo podían hacerlo a los más deficientes, cuando estaban disponibles para ellos. Incluso hasta las leyes beneficiaban ampliamente a las personas de raza blanca y varios derechos básicos como el voto y la realización de una actividad económica lícita, o no estaban permitidos para las personas de color, o eran totalmente segregados y en condiciones muy desfavorables para éstos.

En líneas muy generales, estas eran las circunstancias que imperaban durante buena parte de la vida de Mandela; sin embargo, eso no fue obstáculo para que él diera lo mejor de sí y luchara para que dichas circunstancias cambiaran.

Es mucho lo que se podría hablar de Mandela, pero debido al espacio limitado y como núcleo central de nuestro sencillo homenaje, quisiéramos hacer énfasis más bien en su excelente ejemplo de cómo se pueden vivir los valores y obtener resultados, de los cuales podemos derivar variadas enseñanzas resumidas así:

• Mandela siempre fue firme en sus convicciones. Para él fueron siempre vitales dos valores, los cuales puso en práctica durante toda su vida: el respeto por los demás, incluyendo a sus contrarios, y la cooperación.

• Su acción fue una dura lucha por la dignidad humana y por la paz, que fueron muy amenazadas durante el período del "apartheid". Esta acción, basada en la no violencia, fue de alcance universal y no excluyó absolutamente a nadie. Al contrario, tenía por objeto hacer de la unidad del pueblo africano, es decir personas de raza blanca y de color, todas, una realidad.

• Mandela, al salir de la cárcel, tendió una mano tranquilizadora a los blancos, tuvo palabras de agradecimiento por sus carceleros y manifestó no tener rencor alguno, tan sólo el deseo de que a la dominación de los blancos sobre los negros no siguiera una dominación negra sobre los blancos.

• Es decir que Mandela no fue motivado nunca por deseos de venganza, a pesar de haber pasado 27 largos años de su vida en prisión y en condiciones muy duras. Como prisionero del grupo más bajo de la clasificación, sólo tenía permitido recibir una visita y una carta cada 6 meses. Las cartas, si llegaban, eran retrasadas durante largos períodos y leídas por los censores de la prisión. Sobrevivió a las torturas, a la mala alimentación y a la tuberculosis. Incluso en los momentos más desesperados, sabía que la reconciliación era su misión y que en su momento debía liberar tanto a quienes estaban con él como a quienes estaban en su contra, los que inclusive lo habían llevado a la cárcel. Cabe destacar que Mandela, como cualquiera de nosotros pudiese hacerlo, tomó la decisión de no resentirse ni vengarse, sino buscar más bien la reconciliación con sus adversarios.

• Creó estructuras económicas donde la gente aprendía el amor al trabajo y al esfuerzo, de donde se podían convertir en creadores de soluciones. Consiguió restablecer la dignidad de cada ser humano despertando las capacidades latentes en cada uno.

• Era un líder visionario que ponía el acento sobre la reconciliación. Demostró, con su mismo ejemplo, que la reconciliación, el perdón y la tolerancia son, no solamente posibles, sino indispensables.

Por último, algunas de sus frases más significativas:

La raíz de todos nuestros problemas se encuentra en nuestro interior. El odio es la primera causa de todos nuestros sufrimientos, de los errores y fracasos; es como un cáncer que corroe el alma. Debemos aprender a perdonar.

La mayor gloria no es nunca caer, sino levantarse siempre.

Lo que diferencia a una persona de otra no es lo que le ha sido dado, sino lo que es capaz de hacer con lo que tiene.

El optimismo consiste en levantar el rostro hacia el sol y nunca dejar de avanzar. Mi fe en la humanidad fue puesta a prueba en muchos momentos sombríos. Pero me negué a rendirme. No podía hacerlo. Ese camino conduce a la derrota y la muerte.

El hombre valiente no es el que no siente miedo sino el que es capaz de dominarlo.

Siempre he sabido que en el fondo del corazón de todos los seres humanos hay misericordia y generosidad. Nadie nace odiando a otra persona por el color de su piel, su procedencia o su religión. El odio se aprende y, si es posible aprender a odiar, es posible aprender a amar...

Nota publicada en eluniversal.com


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