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Viernes 10 de enero 2014

El Perú de los emprendedores

Por: Francisco Bobadilla Rodríguez
El Perú de los emprendedores
Foto: emprendesocial.com

Una rápida mirada al año anterior y da como fotografía una disparidad de agendas entre las cosas que llevan entre manos los políticos y las que lleva la sociedad civil. Si un observador extranjero quisiera tomar el pulso del Perú que crece entre el seis y el ocho por ciento en su PBI, mal haría si se quedara en las primeras planas de escándalos que entretienen a bastantes de los políticos peruanos. El secreto de nuestro crecimiento está, en parte, en el cuidado de las variables macroenómicas y, principalmente, en el empuje de los emprendedores (pequeños y grandes) y la creatividad de los intraemprendedores. Lo más importante pasa de la puerta para adentro y no en los “reality shows”.

Incluso, podemos decir que el Perú sale adelante a pesar de los escándalos políticos. Triste cosa, porque si tuviéramos una política institucionalizada atenta al empuje de su gente, nuestro paso sería aún más rápido. Sobre este asunto, tendremos que volver a pensar más adelante. Toca, ahora, mirar hacia adelante, pues el año se nos viene encima y no podemos quedar rezagados. Necesitamos, decía, ciudadanos que asuman el rol de locomotoras, capaces de llevar sobre sus hombros emprendimientos que generen riqueza: la del bolsillo y del alma, a la vez. A este propósito nos viene bien volver a pensar en el principio de subsidiariedad, verdadera mina de oro de donde se puede extraer el primer millón, no caído del cielo, sino ganado sol a sol. Dice este principio que lo que la persona o el grupo pequeño puede hacer por sí mismo, que no lo haga el grupo mayor o el Estado. Se trata de hacer rendir los talentos o capacidades personales. Es un llamado a la responsabilidad, a ponerse zapatillas, ajustarse el pantalón, cargar la mochila y emprender la caminata. El que espera treparse en el hombro del fortachón (el Estado, por ejemplo) está en el polo opuesto. Lo que mejor sabe hacer es gastar la riqueza que otros han creado.

El pequeño empresario, en cambio,  ha entendido lo que es asumir la propia responsabilidad de su destino. Junto a él, está, también,  el intraemprendedor, es decir, aquel que en una empresa acomete proactivamente proyectos que mueven su unidad. Busca y genera recursos. Abre espacios nuevos, empuja y jala. Las empresas privadas necesitan de intraemprendedores y cuanto más grandes sean, los necesitan con más urgencia. Lo cómodo es instalarse en el puesto, hacer como que se trabaja  y recibir el sueldo. Hacer rendir el talento es otra cosa. Es un asunto en el que nos jugamos la propia plenitud de nuestra condición humana. No en vano utilizamos la expresión “ahuesarse” para aquella situación personal en la que se pasa el día sin pena ni gloria, simplemente ocupando un lugar: ni se es feliz ni se genera valor agregado. La situación de “burócrata”, por tanto, no es patrimonio exclusivo de algunas entidades públicas, puede ser también un mal de las empresas privadas.

Estamos justo a inicios del nuevo año, momento adecuado para empezarlo con el pie derecho y, en lo que respecta a la organización social, la clave está en el principio de subsidiariedad sobre el cual, el profesor Pablo Pérez, de la Universidad de Piura, acaba de publicar un ensayo muy a propósito del momento actual, “El principio de subsidiariedad. Su función en el orden social” (Lima, Ediciones Mar Adentro: 2013). Conviene, por tanto, “estar pendientes de aquello que corresponde a la persona y a cada una de las sociedades, cuidando que ninguna se apodere de lo ajeno, bien en un acto de prepotencia o en una dejación de responsabilidades”.

Nota publicada en eltiempo.pe

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