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Lunes 24 de marzo 2014

¿Aguantar callado?

Por: William Anseume
¿Aguantar callado?
Foto: washingtonpost.com

El régimen resistido en Venezuela es absolutamente intolerante. Ya lo sabemos. Se dio a la tarea, desde el inicio de este absurdo proyecto totalitario, de apartar todo aquello que no lo acompase. Su fin ha sido exterminar la disidencia por cualquier vía. No tiene opositores. Tiene enemigos. Y ya ha mostrado las fauces indicadoras de que está convencido del aniquilamiento como única alternativa; sin escrúpulo simulador, después de tantos años en los cuales el convencimiento no logró el objetivo.

El PSUV se hizo del poder absoluto "legítimamente". Siguen en dudas, y más se colocan ahora en ese limbo, las elecciones presidenciales pasadas, en las que supuestamente Maduro obtuvo una miserable e increíble victoria, con un Consejo Nacional Electoral dominado en personal, de arriba a abajo o viceversa por el control político. Así, recordemos, se apropió ilegítimamente de la Asamblea, adecuando circuitos, trampeando la realidad, cambiando votantes y elegidos, contrariando las leyes, tal como se imponía el otro dictador malabarista.

Pero lo que sin duda alguna más estorba al mal remedo de dictadura fuerte que resistimos, con un estoicismo nunca antes conocido así en nuestro país, es una palabra tan cara a esta nación que no podrán doblegarla: la libertad. Está en nuestra historia fundacional, en canciones, cuentos, en cuanto discurso circula, aquí surgido. Está en los valores simbólicos del himno, del escudo y la bandera. Están contenidas en nuestros genes la rebeldía y la libertad. La recoge, por cierto, esta última, la Constitución Nacional.

Los opresores actuales, con todo su enorme poder político, económico, militar y policial no han podido, ni considero que lo lograrán, imponerse en una particular y libertaria forma de entender el mundo de los venezolanos. La docilidad no forma parte de nuestras características de Caribes, como desde el poder quisieran. No somos los aguanta callao que ellos vislumbran en su criminal accionar. ¿Dónde quedaría nuestra historia pasada y reciente de pueblo luchador? El hecho de no conseguir alimentos básicos, sin la humillación de varias horas de cola al sol, con hambre y sed como un sucio perrito callejero que espera una mano para su salvación, no es el eje central de esta historia lamentable que padecemos.

El eje central es la libertad. La del pensamiento, la de la acción emprendedora en empresas, la de la divulgación de las ideas, la de la manifestación pública del enorme descontento con un proyecto político que de esperanza trocó en angustia de sobrevivencia. Consideró el régimen, ahora espoleado, que callándonos íbamos a aguantar. De allí su mortífero y persistente ataque a las universidades, profesores y estudiantes. El ataque al pensamiento. El desinterés por la estampida de cerebros yéndose, el provocar que los cerebros huyan tan lejos donde no puedan ser vistos y menos oídos o leídos. El resquebrajar la autonomía universitaria como eje central de un gobierno para el cual no existe nada autónomo, nada que se le escape de su doblegar político compra votos, en un querer parecer decir: "lo que no es mío no existe". Y así, la inclemente persecución a la propiedad y la empresa privada, en este comunismo arrollador, expropiador y cercenador de intereses que no sean los de él. Y el acallar la trasmisión de pensamiento de esta manera ramplona, haciéndose de editoriales, de televisoras, de radioemisoras, de periódicos, y, si no, la canalla imposibilidad de adquirir papel para la prensa escrita. La persecución de personas, su aprisionamiento físico y psicológico. La muerte.

Al régimen le escuecen las protestas. Allí comenzó para él la debacle esta, interminable, honrosa para el pueblo venezolano, cuando unos estudiantes protestaron la inseguridad en el campus y fueron acallados de vil manera, y apresados algunos de los vociferantes. Ahora, todo manifestante es tratado como criminal de guerra, con lacrimógenas vencidas, con disparos desde las bandas paramilitares del gobierno, con prisión, con tortura, con muerte. No se deja hablar, ni manifestar, porque saben que cualquier chispa incendia el monte de los rencores, de las deudas, de las facturas, de las fracturas, del descontento popular inmenso. Que nadie hable, que nadie grite nada que no sea un eslogan diseñado desde Cuba, es lo querido pero no logrado desde Miraflores.

Consideran los gobernantes, múltiples, así, que anulan a Leopoldo López apresándolo, o a los alcaldes ahora, que maltratan la imagen de María Corina golpeándola, insultándola, impidiéndole que hable, que se quitan a Ledezma y a Capriles de encima, con facilidad, buscando la división, y no creo que puedan ya lograrlo. Este canto ya no lo calla nadie.

El terror, al matar, al apresar y tratar inmisericordemente a los estudiantes, a los políticos, al militarizar el país como si de librar una guerra abierta contra el pueblo se tratara, se les ha revertido. ¿Seguiremos aguantando? De eso trata la resistencia. Pero callados jamás.

Nota publicada en eluniversal.com

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