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REDES SOCIALES
Viernes 04 de julio 2014

Democratizar la democracia

Por: María del Pilar Tello
Democratizar la democracia
Foto: Difusión

Aunque la democracia es la mejor forma de organización política los valores que la animan todavía no son suficientemente compartidos. Decimos que es el gobierno del pueblo y esperamos que el ejercicio del poder responda a las necesidades de ese pueblo pero no siempre es así. No toda autoridad elegida sintoniza siempre con la voluntad popular.

La democracia está ligada a la política como forma consensuada de poder por lo cual nuestras autoridades deben legitimarse permanentemente. Entre gobernantes y gobernados el pacto que no se puede ni se debe romper es la constitución.

Por eso toda deliberación y toma de decisiones debe darse dentro del diálogo, partiendo del concepto de ciudadanía que incorpora la ética de la sociedad. La imposición o el caballazo están en las antípodas de la democracia y de la política entendida como habilidad y convencimiento para gobernar.

Hay un ethos democrático y de libertad en las prácticas políticas que respetan el pensamiento del otro, el pluralismo y la diversidad que permite aproximarse a todas las tendencias desde la virtud cívica democrática. La sociedad debe sentirse respetada y no avasallada por las decisiones de los gobernantes y ser llamada a colaborar con toda transformación social y política.

En el Perú parecería que estamos viviendo cierta involución democrática en plena democracia cuando vemos reformas impuestas desde arriba  que no encuentran en la sociedad el eco necesario para el apoyo y la colaboración. Así tenemos la reforma de la salud que no cuenta con el acuerdo de los trabajadores de la salud. En especial médicos y enfermeras no han sido consultados y en la peor situación posible están hace más de un mes en las calles reclamando mejoras salariales y de infraestructura que deberían ser atendidas con urgencia. La actitud desdeñosa de la ministra de salud y de sus colaboradores pinta de cuerpo entero una democracia sorda y de cúpula. Igual ha sucedido con la ley SERVIR, destinada a reformar el servicio público que viene siendo rechazada por diversos sectores que piden se les excluya de sus efectos. Y el último ejemplo de antidemocracia en democracia lo ha dado el gobierno con la Ley Universitaria que pretende modificar la educación superior teniendo en contra a gran parte de la comunidad docente. Da la impresión que no se entienden los derechos sustantivos que forman parte esencial del proceso democrático. Desde luego siempre será posible proteger la forma de Gobierno democrática contra sí misma por medios no violentos y ahí está el Tribunal Constitucional para reparar este último entuerto.

A Gandhi pertenece la idea de soberanía compartida como principio regulador de la democracia y, al mismo tiempo garantía de que existen formas de limitar el ejercicio abusivo del poder político. La soberanía compartida es un principio que solo tiene significado si incluye la idea de responsabilidad bajo la superioridad de lo ético.

La democracia se emparenta con la no violencia y con la negociación, características de las transiciones políticas a la democracia y de los movimientos democráticos que han triunfado. Algo que no debería perderse de vista si queremos consolidar la democracia y no lesionarla en el camino. La democracia sigue siendo una tarea que no depende sólo de las urnas. También de los modales democráticos de los gobernantes elegidos sin cheque en blanco ni cetro monárquico, siempre bajo mandato y responsabilidad. Que lo recuerden quienes deban hacerlo para mejor gobernar y nunca desgobernar.

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