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REDES SOCIALES
Martes 30 de septiembre 2014

Asia power

Por: Enrique Valderrama (*)
Asia power
Foto: Difusión


Enrique Valderrama, autor de estas líneas


El mundo ha experimentado un cambio fundamental en este último cuarto siglo. Desde 1989, año de profunda conmoción global por la caída del Muro de Berlín, legado simbólico de la política de los soviets, o, esbozando una descripción más honesta, del tributo al totalitarismo hecho cemento, los paradigmas se han ido modificando y nuevos referentes mundiales de progreso han ido emergiendo. La incidencia de países del Asia en ese proceso es sorprendente.

Primero, con un claro inicio de desarrollo en el marco de la guerra fría, fueron los llamados “tigres asíáticos”, países que se industrializaron a pasos my acelerados, con tasas de crecimiento muy importantes, promoviendo decididamente también su micro y pequeña empresa, construyendo poderosos sistemas viales y sobre todo potenciando su capacidad y tecnología portuaria. Ellos son: Taiwan, Singapur, Corea del Sur y Hong Kong. Hoy continúan compitiendo a nivel mundial y están situados, todos, en el top25 en las cifras relativas al Índice de Desarrollo Humano (IDH).

A ellos se ha sumado la gran India, multicultural y lejana del imaginario latinoamericano, aunque comparte con éste rezagos de premodernidad en algunos de sus componentes y profunda desigualdad social. Hoy India crece aceleradamente al punto de colocarse en la tercera ubicación de las economías nacionales, además de construir mega infraestructura cada vez más deprisa y ser, paradójicamente coexistiendo con la polémica tradición de las castas, un referente en temas de innovación tecnológica y software.

Pero la estrella del firmamento asiático y mundial es hoy por hoy la República Popular China de 1,300 millones de habitantes, quien continúa un proceso iniciado hace más de 35 años por Deng Xiao Ping, en el cual apostó frenéticamente a la apertura comercial, lo cual le granjeó cifras de crecimiento anual que, en el clímax, alcanzaron el 10% anual, sacando de la pobreza a 250 millones de ciudadanos de las tierras de la dinastía Ming. China es la segunda economía mundial y amenaza con convertirse en poco tiempo en la nación líder del planeta. A medida que su conexión al mundo avance seguramente avanzará también en libertades políticas.

Comprender estos procesos y estudiar el oriente debe servir para emular lo emulable de acuerdo a nuestras características y entrar en sintonía con las principales sinfonías económicas del orbe. China es la pieza fundamental en esa música de desarrollo y crecimiento. Algunas élites latinoamericanas han preferido mirar únicamente a Europa y a los vecinos del Norte, olvidando los horizontes orientales por negarse a un importante ejercicio de reflexión que se basa no en la táctica política del día a día sino en enfrentarse al reto de elucubrar y descifrar la dinámica de civilizaciones forjadas bajo otros cimientos y fes.

Es por eso destacable que un ex Presidente peruano como Alan García, presente un libro, traducido al chino, sobre el pensamiento de Confucio en la misma China y lo haga frente a un millar de intelectuales y de Xi Jingping, presidente de ese país. Ello seguramente representará una señal de proximidad a la vasta cultura oriental por parte del Perú y de las naciones que apuestan por el crecimiento en la América morena y un ánimo, que seguramente se irá extendiendo, de comprender al Asia, en sus diferentes mecánicas y aprovechar las inmensas posibilidades que esta prodiga, con herramientas de futuro como la Alianza del Pacífico. Para ello hay que desterrar viejos prejuicios como ha hecho el gigante asiático, que rompió los moldes que décadas de corsé ideológico le dictaban.

Si pensamos que la humanidad marcó un episodio clave en la construcción de su ser cuando pudo hacer que el conocimiento y la experiencia se separasen del individuo y se pudieran transmitir indeterminadamente, es decir que se haga inmortal, a través de la invención de la escritura y si tenemos en cuenta que aquello se dio en el Asia, no debe resultarnos inaudito que desde estas aun incomprendidas tierras se empiece a marcar la pauta mundial una vez más, luego de seis milenios.

(*) Coordinador del Centro para la Democracia Social

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