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Miércoles 29 de octubre 2014

También que caigan los buenos

Por: Grover Pango
También que caigan los buenos
Foto: Difusión


Hace tiempo un amigo extranjero me dijo algo que ahora vuelvo a recordar. Casi textualmente como: “en el Perú se toman decisiones para que las cosas no ocurran”. Claro, se puede entender como aquello que se hace para impedir algún posible error. Esa prevención es buena. Pero también se presta para una distorsión por la cual se termina castigando a quienes hacen las cosas muy bien, a los que tienen iniciativa. En consecuencia no se utiliza –con coraje y riesgo ciudadanos- lo que sirve para respaldar a quienes en los hechos actúan con acierto, distinguiéndolos de los deshonestos, incapaces u holgazanes. Eso es el voto, no otra cosa, para una reelección en este caso.

Las desvergüenzas de algunos gobiernos regionales y municipios han colmado la paciencia de la población. En abril, después del escándalo de Ancash, tres de cada cuatro peruanos se manifestaban en contra de la reelección inmediata de presidentes regionales. Ahora el Congreso ha sancionado en una primera votación que así sea. Para castigar a los “malos” habrá que hacerlo también con los buenos.

Con todo respeto, no estoy de acuerdo con esta decisión. La bronca que tenemos contra los abusos y la corrupción, en vez de canalizarla exigiéndole al Congreso que dé leyes que mejoren las instituciones políticas -partidos, frentes y movimientos- para obligarlas a ser colectividades y no caudillerías (perdonen el neologismo), termina por arremeter contra quienes han sido buenos líderes o van camino a serlo. Como en la vieja educación: cuando hay bulla en la clase y no se ubica al responsable, castigamos a todo el salón.

Pero no habría malos elegidos si no fuera por quienes los eligieron. 

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