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Miércoles 05 de noviembre 2014

Europa y sus cada vez más silenciosas primaveras

Por: Sophie Dmitrieff (*)
Europa y sus cada vez más silenciosas primaveras
Foto: Difusión


Sophie Dmitrieff. Directora de la asociación civil sin fines de lucro ecologista Econtinuidad


Las cifras son frías y categóricas. Ya son de conocimiento público. Uno de los principales periódicos franceses, Le Monde, a través de dos de sus articulistas (1), ha hecho eco al día siguiente. Europa cuenta en la actualidad con un número significativamente menor de aves en comparación al que había hace menos de 35 años, en 1980. Entonces, nuestro continente contaba con poco más de 2 mil millones; catorce años después de iniciado el aún nuevo milenio, 420 millones de aves menos surcan nuestros cielos. Esto si solo consideramos el periodo de investigación del estudio publicado, cuyo horizonte cubre los años comprendidos entre 1980 y el 2009.

Los resultados del estudio lanzado este primer lunes de noviembre en la revista Ecology Letters son inapelables. Los datos estadísticos que incluyen a guarismos provenientes de 25 países nos informan entristeciéndonos que la población de aves europeas ha disminuido significativa y dramáticamente: su número ha caído en un 20 por ciento. En promedio, pues, por citar un ejemplo, por cada 100 gorriones que cantaban aleteando suavemente sus delicadas alas a principios de la penúltima década del siglo pasado, tan solo 39, hace cinco años, quizás menos hoy en día, lo hacen. Un horror, una verdadera hecatombe: 147 millones de gorriones menos hoy en nuestros cielos. 

Lo mismo sucede con el número de tórtolas, de cada cien que tomaban vuelo con gracia y alegría al inicio del periodo en cuestión, tan solo 23 lo hacían hace cinco años. Una disminución del 77 por ciento. Igual escenario para lo que concierne a la alondra, un porcentaje de 54 de menos: quedan tan solo 46 de ellas por cada cien que entonces habían. Las cifras son, no cabe duda, alarmantes y deben suscitar no solo nuestra preocupación sino también una acción comprometida a fin de poner freno a esta dinámica de negación de la vida. Esto, más allá del hecho, tal como se señala, que en el caso de especies bajo protección, como el de las rapaces o ciertas aves migratorias, el número se haya incrementado.

Las primaveras pierden vida. Pareciera que el escenario que describió con magistral realismo Rachel Carson en su libro Primavera Silenciosa publicado hace más de cinco décadas para denunciar el drama ecológico que tuvo como víctimas a las aves en los Estados Unidos de Norteamérica, podría, de no ponerse coto, graficar en una buena medida al escenario hacia el que nos dirigimos en nuestra Europa. Sobre todo, a sabiendas del servicio que prestan al ecosistema y al mantenimiento de los grandes equilibrios, como dijo para el vespertino francés uno de los autores del informe (2), las especies de aves de población más numerosa. Sin las cuales, la polinización, la dispersión de los granos y la lucha contra la proliferación de insectos, por ejemplo, estarían en cuestión.

Para los que amamos la vida, todos me imagino, la posición a adoptar consiste en asumir un compromiso en pro de estas especies que por su presencia masiva garantizan nuestra existencia en equilibrio. Alertando para esto, tal como se indica en el artículo publicado por Le Monde, sobre los límites de una dinámica agrícola que por su lógica productivista, disminuyendo el hábitat de las aves, las condena al hambre, a la disminución demográfica y, de seguir las cosas así, por qué no a la desaparición. El estudio que ha tomado en cuenta a 144 especies entre ellas suena la señal de alarma. Evitemos que nuestras primaveras se tornen cada vez más silenciosas.

(1) Stéphane Foucart y Nathaniel Herzberg (edición de Le Monde correspondiente al 5 de noviembre de 2014
(2) Richard Gregory – Investigador de la Real Sociedad Británica

(*) Sophie Dmitrieff es Directora de la asociación civil sin fines de lucro Econtinuidad

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COMENTARIOS
1 comentarios
Cuando leo este tipo de artículos me entra una profunda tristeza tomar una vez más conciencia de la herencia que estamos dejando a las futuras generaciones. Este tipo de información debe ayudar al Hombre a reflexionar y por ende a corregir su proceder en la vida. Buen artículo.
05 de noviembre 2014
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