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Sábado 15 de noviembre 2014

El Perú y su Conferencia sobre el Cambio Climático: una oportunidad que hay que aprovechar

Por: Sophie Dmitrieff (*)
El Perú y su Conferencia sobre el Cambio Climático: una oportunidad que hay que aprovechar
Foto: Difusión


Sophie Dmitrieff, Directora de la asociación civil sin fines de lucro ecologista Econtinuidad, promueve desde inicios del nuevo milenio la implementación de los Biohuertos Educativos

 

Solo para quienes pretenden ocultar, tal como dice el refrán, el Sol con un dedo, la producción de gases con efecto invernadero que encuentran su origen en las llamadas causas antropogénicas, es decir las que son consecuencia de la actividad humana, no constituyen la razón principal del proceso de recalentamiento en el que se encuentra sumido nuestro planeta. La gran mayoría de los miembros de la comunidad científica a nivel mundial señala, con urgencia desde mediados de los noventa, que una parte creciente de los rayos infrarrojos que deberían ser remitidos desde la Tierra al espacio luego de que la energía recibida haya sido procesada, quedan atrapados en la atmósfera debido a la creciente acumulación de los llamados gases con efecto invernadero.

Para muy pocos resulta ajeno el hecho de que gases como el Dióxido de Carbono, el Metano o el Óxido Nitroso, por citar tan solo tres de los seis más importantes, cuyos niveles a una escala global la humanidad desde hace dos décadas se ha impuesto reducir, aunque con un éxito, resulta penoso admitir, bastante mitigado, son el resultado de la acción ejercida por el ser humano. La excesiva combustión del petróleo y el gas, la galopante deforestación y la avasalladora dinámica de la agricultura intensiva, por nombrar algunos escenarios de la actividad de nuestra especie, son señalados como causas, por ejemplo, de la concentración de CO2 en la atmósfera terrestre: 400 partes por millón en nuestros días. Cantidad significativamente mayor a la de finales del siglo XIX, cuando era tan solo de 270.

La tarea por lo tanto que tienen ante sí quienes, en un número superior al de 15 mil -entre representantes de diversos organismos internacionales y de la sociedad civil, al igual que del sector privado, además de los presidentes y ministros de los 194 países que se darán cita en Lima, desde el primer día de diciembre hasta el décimo segundo del mismo mes-, es enorme. Ya que al igual que en las anteriores ocasiones en las que se reunieron los países que han ratificado el contenido de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático aprobada en 1994 y el del Protocolo de Kioto que se le añadió en 1997 -vigente desde el 2005-, esta vez también lo harán a fin de examinar la aplicación de la Convención y los compromisos de las Partes, es decir de los países, en función de los esperanzadores objetivos fijados tanto por la Convención y sobre todo por el Protocolo. Al igual que de los nuevos descubrimientos científicos y la experiencia conseguida en la aplicación de las políticas relativas al Cambio Climático que en conjunto la humanidad afronta.

No es para menos, lo saben muy bien quienes concurrirán a Lima. Es un hecho que la mayor concentración de gases con efecto invernadero en los últimos 800 mil años se manifiesta dramáticamente en el aumento promedio de la temperatura en 0,8 grados centígrados desde finales del siglo XIX. En el incremento del nivel de los océanos en 3,3 milímetros por año debido a la desaparición de los glaciares de altitud, al igual que de grandes mantos de hielo como sucede en Groenlandia y sobre todo en el Ártico, donde estos han disminuido en 30 por ciento desde los años 80. En el aumento de las precipitaciones que afectarán, sostienen los científicos, al hemisferio norte, mientras que en otras zonas, como California en los EEUU y la cuenca del mar Mediterráneo, al igual que en otras regiones áridas, se prevé sequías más frecuentes y largas. Y, por señalar un dato de envergadura más, en la acidificación de los océanos, debido al hecho que al disolverse el CO2 excedentario en las aguas superficiales las torna más ácidas; poniendo así en peligro la sostenibilidad de la vida, por nombrar algunas especies, de las coquillas y ciertos plánctones: eslabones claves en la cadena alimentaria, al no poder estas adaptarse a la nueva situación. ¡Todo un desastre ecológico!

La responsabilidad, no cabe duda, que tiene ante sí la Vigésima Conferencia de las Partes sobre el Cambio Climático, la COP20, máxima autoridad planetaria en este campo, al igual que la X Reunión de las Partes del Protocolo de Kioto, es tremenda. Les competerá allanar el camino, evaluando y fijando metas, para que en la COP21, a llevarse a cabo en París el próximo año, finalmente se suscriba el acuerdo ecuménico sobre el clima. Un texto vinculante que entrando en vigor en el 2020 fijará objetivos cuantitativamente determinados. Lima, capital de un país de milenaria civilización, en esta gran manera, se constituirá en la plataforma para evitar que la concentración de CO2, por ejemplo, se dupliqué de aquí a 2100; algo que de no evitarse haría que la temperatura terrestre media aumente aún más: en un intervalo entre 1,5 y 4,5 grados centígrados adicionales. Un incremento que poniendo en peligro la sostenibilidad de la vida en nuestro planeta, pondría también en cuestión la viabilidad de nuestra vida en civilización. En Lima, en el Perú, la humanidad tiene una tarea a la altura digna de lo que deseamos todos para ella.

(*) Sophie Dmitrieff, Directora de la asociación civil sin fines de lucro ecologista Econtinuidad, promueve desde inicios del nuevo milenio la implementación de los Biohuertos Educativos

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