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Martes 27 de enero 2015

La ex Ley Pulpín y el fracaso del diseño de una política pública

Por: César Sánchez Olivencia (*)
La ex Ley Pulpín y el fracaso del diseño de una política pública
Foto: javieralejandroramos.wordpress.com


Señor…y señor…, háganse una “Ley Pulpín”,

para formalizar el trabajo de los jóvenes...

-Yes, Sir, al toque.

En el Perú, las políticas públicas (PP) son acciones que realiza la burocracia tradicional, inspirada por el principio de la inercia de reposo. Este es un grave error conceptual que lleva al fracaso. Las PP son acciones dinámicas para el cambio, que deben solucionar problemas de la población. Digamos la ex Ley Pulpín. Reflejan con claridad -aunque se pretenda cubrirlas con un dedo- las intenciones “santas o non santas” de los gobernantes. Deben ser el producto de los actores políticos: Sociedad, Estado y Gobierno.

Las PP se hacen bien o mejor no se hacen. Es el mejor consejo de este analista con maestría en Gestión Pública. La mayoría de autoridades piensa que hacer una política pública es cuestión de coordinar con algunos congresistas “Chi cheñó”. Por esta razón se produce la protesta de los involucrados. Los más “inspirados” se reúnen a inventar una política alrededor de un escritorio y comiendo sanguchazos de Mc Donald. Mientras que los “eminentes” se limitan a decir “Es cuestión de redacción: la teoría es mejor que la práctica”.

Una política pública exitosa que intenta cambiar algo para lograr algo, empieza por recoger los puntos de vista de los distintos actores involucrados -especialmente los beneficiarios- para luego realizar un proceso de ajuste y reajuste a la política diseñada. Este proceso de elaborar la “Ley Pulpín” tenía que haber considerado el Diseño, la Implementación y la Evaluación de la política pública. El punto clave de esta tarea es el feedback a través de la comunicación no solo de la información. 

La verdad es que aunque se disponga de recursos económicos y financieros suficientes, con capital humano calificado, tiempo apropiado y con la infraestructura necesaria, (Este no es el caso de la burocracia tradicional del Estado), si se formula una política pública  sin coordinación, su impacto será inferior o nulo, frente a aquella que se haga de manera coordinada, con el pensamiento y la acción en forma de redes de relaciones cooperativas, que articulen los intereses del Estado y la Sociedad.

El rechazo de la ley de empleo juvenil por parte de sus pretendidos beneficiarios debe servir para ilustrar al “júnior” en PP de cómo una buena idea para el Gobierno puede ser una mala idea para la Sociedad (72% de la opinión pública estaba de acuerdo con la derogación según una encuesta de Ipsos Perú). Naufragar por ignorancia es un pecado capital en políticas de Estado. La lección es que el Gobierno carece  de tiempo para enmendar graves errores, que solo han beneficiado a la oposición política.

Como dice el analista Alfredo Torres: “Lo que no se debe dejar de hacer es estudiar directamente lo que piensan los sectores que serán afectados por un cambio normativo, especialmente en los casos de representación inexistente o inadecuada. Para ello existen diversas técnicas de investigación, como los ‘focus groups’, los talleres deliberativos y las encuestas. La clave está en preguntar y escuchar a cada sector de la población por separado”.

Una política pública para lograr un cambio tiene que pasar por la etapa de preguntar y escuchar a cada sector de los involucrados o los “stakeholders”. Coincido con Torres cuando afirma que en el caso de la ‘Ley Pulpín’, “Es probable que las respuestas de los jóvenes sin educación hubiesen sido favorables al proyecto de ley mientras que la reacción de los universitarios hubiese sido negativa”. Ese feedback  habría permitido ajustar y reajustar  la norma, o cambiarla en su totalidad”.

El fondo del asunto es que el problema fue mal planteado (con el propósito de complacer a algún grupo de poder o inocentemente) No se trata de que los jóvenes no tienen oportunidades de trabajo a causa de no tener capacitación productiva en las empresas. Con esta visión, La solución de este problema debía ser “sí o sí” -según los “expertos”- capacitar a los jóvenes de 18 a 24 años, pero autorizando a las empresas que no reconozcan la totalidad de sus derechos laborales.

El problema más bien se debió plantear, con buena intención, a la inversa. Los jóvenes no tienen capacitación productiva a causa de que las empresas no les brindan oportunidades de trabajo. Como es obvio para cualquier sénior en PP, la solución a este problema debió ser como recomienda la OIT: implementar un plan, programa o proyecto, para brindar a los jóvenes una capacitación productiva para el trabajo. .“Las políticas son una cadena causal entre las condiciones iniciales y las futuras consecuencias” (Pressman y Wildavsky).

Cualquier politólogo conoce que Introducir un régimen laboral más flexible para la creación de empleos, a costa de una pérdida de beneficios potenciales, es un problema que genera una mayor resistencia de los involucrados -incluyendo a los supuestos “beneficiarios”. El Estado debió valorar un estudio más riguroso de las actitudes de los jóvenes ante el sistema vigente y hacia los cambios proyectados. Ninguna estrategia de comunicaciones podría tener impacto sin la consulta previa al cambio.  

Nota aparte de este analista político. Es una grata revelación para los peruanos de corazón, comprobar que existe una generación de jóvenes que tienen fuerza, decisión y persistencia para enfrentarse al poder político y defender sus derechos que consideran vulnerados.  Con dignidad de patriotas exigen un cambio a las autoridades. Evocan la frase, “!Los viejos a la tumba, los jóvenes a la obra¡”, que dijo el maestro Manuel Gonzales Prada en un célebre discurso (Lima, 1886) después de la derrota peruana en la Guerra con Chile.

La juventud de la “Ley Pulpín” es la clase de juventud que el Perú necesita, para alcanzar un futuro mejor. "Los jóvenes que salen a las calles quieren ser protagonistas del cambio", habló el Papa Francisco a más de dos millones de jóvenes desde la playa de Copacabana.

Francisco los alentó a que "de forma ordenada, pacífica y responsable, motivados por los valores del Evangelio, sigan superando la apatía y ofreciendo una respuesta cristiana a las inquietudes sociales y políticas presentes en sus países". Ahora si podemos confiar en la juventud.

(*) Miembro de la Red Iberoamericana de Docentes de IBERTIC.

 

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