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Miércoles 06 de mayo 2015

Poniendo los puntos sobre las íes a Alejandro Toledo

Por: Gustavo Saberbein Chevalier (*)
Poniendo los puntos sobre las íes a Alejandro Toledo
Foto: Difusión


En su artículo “La Marcha de los suyos”, María del Pilar Tello se refiere a esta multitudinaria concentración como “… la manifestación política no electoral más grande de la historia”. Subrayando que en ésta “Miles de peruanos venidos de todos los rincones se congregaron el 27 de julio del 2000, para protestar contra Alberto Fujimori y su ilegítimo tercer mandato. Las calles de Lima se llenaron de todos los rostros, de todas las voces y de todas las banderas, cantando y agitando lemas unidos en una sola demanda ¡Democracia, ya!".

En estas líneas de reciente publicación, María del Pilar pone asimismo los puntos sobre las íes a la hora de referirse a Alejandro Toledo, cuando, con justificada indignación, señala tajantemente: “… es inadmisible que hoy un desconocido Alejandro Toledo caricaturice esa gesta pretendiendo apropiarse de un espíritu muy lejano a la defensa de intereses subalternos, como los del tristemente famoso caso Ecoteva y menos aún que crea que haya gente que podría seguirlo para presionar al Poder Judicial para que archive las acusaciones que lo afectan”.

Felicito a María del Pilar por hablar claro y con valentía. Y por haberme traído hondos recuerdos. Remembranzas que deben ser fuente de orgullo para la gran mayoría de peruanos que querían, de miras al nuevo milenio, voltear la página del fujimontesinismo. En particular, para quienes permitieron que de una u otra manera se ponga punto final a esos años aciagos.

Cómo no referirme en tal sentido a los que iniciamos la lucha sentando las bases de la unión de los partidos políticos que estaban en contra del segundo gobierno de Alberto Fujimori y Vladimiro Montesinos con el propósito de amainar  las luchas intensas que se producían al interior de los partidos, y a su vez, entre ellos. Disputas que eran el reflejo de las recriminaciones mutuas respecto a quién o quiénes eran los culpables del arribo del fujimontesinismo al poder. Algo, lo subrayo, que entonces separaba a los militantes y simpatizantes de los partidos políticos.

También lo hicimos, con el propósito de  luchar juntos por el retorno de la democracia e instalar, por la vía electoral, un gobierno de unidad nacional, eficiente y justo, y no de capitalismo salvaje. Tal como sucedió en Chile, país hermano en el que una alianza de partidos, luego de traerse abajo al régimen de Augusto Pinochet, plasmó en los hechos la voluntad de la mayoría de la población de ese país. Una experiencia que tuvimos ocasión de aprovechar cuando, desplazándonos a Santiago, conversamos con la gente del “No” a Pinochet.

Especial referencia merece la manera en la que se determinaron a los representantes de las organizaciones políticas, ya que esto garantizó el éxito final del esfuerzo democratizador. Fernando Belaunde Terry designó al representante de Acción Popular. Por la Democracia Cristiana se hizo presente su secretario general. Lo mismo sucedió con los demás partidos políticos que dieron el impulso inicial a la gesta que se saldó con el gobierno de transición tras la caída del fujimontesinismo.

Casi dos décadas después, varios de los que empezaron esta lucha por el retorno de la democracia al Perú ya no se encuentran entre nosotros, los extrañamos de corazón y  estoy seguro que la historia les asignará el lugar que con justicia ameritan.

Comenzando por Gustavo Mohme Llona, a quien le solicitamos un día de 1996 que sea el Coordinador de los representantes de la mayoría de los partidos políticos en nuestra patria. Una tarea que cumplió con creces, luego de aceptar el encargo en la reunión que se llevó a cabo, a iniciativa de Armando Villanueva, en la casa de Judith de la Matta, donde ella y su familia habían protegido la vida de Alan García luego del autogolpe del 5 de abril de 1992.

Mantengo vivo el recuerdo de la reunión en la que, además de la anfitriona y Armando Villanueva, estuvo también María del Pilar Tello, al igual que quien redacta estas líneas.  En un aparte, Gustavo Mohme, hablando con la sinceridad que lo caracterizaba, me dijo, inesperadamente: “Tocayo, he aceptado la responsabilidad de ser el Coordinador de esta lucha, aunque no estoy seguro si estaré con ustedes cuando llegue el día de la victoria”.

A mi tocayo “Gustavo” lo amenazaron en múltiples oportunidades. Le robaron su camioneta e intimidaron por teléfono a algunos de sus seres queridos. A María del Pilar, le robaron su WV y pusieron agentes de inteligencia en las esquinas que circundan su casa a fin de filmar nuestra llegada a las reuniones de los sábados e inventar con ello “un complot”. Algo que la prensa sumisa de entonces se apresuró en publicar.

A Javier Diez Canseco le incendiaron su camioneta (por quinta vez) y el chofer que la conducía recibió un tiro de bala en la pierna. Javier se salvó, pues poco antes había bajado para hablar con Carlos Estévez, en su casa en Miraflores.

A mí me asaltaron con armas de fuego cuando ingresaba conduciendo mi carro al garaje de mi casa el 16 de marzo de 1997. Cuatro ‘paramilitares” me dispararon nueve balazos, en total,  que tuve que repeler. Felizmente, salí prácticamente ileso, al igual que mi esposa e hijo mayor que se encontraban conmigo en ese momento… Me costó tener que alejarme del país en el transcurso de ese mismo año junto con mi esposa Dora y mis tres hijos, Gustavo, Carlos y Alberto. Y tener que reinventarme en Chicago, ciudad cuna de la lucha por las ocho horas de trabajo.

A quienes se aferran en no dar crédito a esta historia, aduciendo que son mentiras, solo queda decirles que la prensa, en sus archivos,  tiene todo registrado. Una nota del diario El Comercio del día 23 de marzo de 1997 dice, citando una fuente de la PNP, que los proyectiles que habían usado para atacar a Javier Diez Canseco coinciden con los que usaron los sujetos que me atacaron. Más claro ni el agua.

No fuimos las únicas víctimas, muchas de las personas que se oponían al gobierno fujmontesinista, fueron también atacadas. Ricardo Nugent, presidente del Tribunal Constitucional, fue emboscado con armas de fuego en Los Olivos. Blanca Rosales, editora del diario La República, fue secuestrada y sometida a la ruleta rusa. Delia Revoredo, fue intimidada a punto de tener que refugiarse en la Embajada de Costa Rica. Y el general Robles, fue secuestrado por las denuncias que realizó y tuvo que buscar también refugio en otra Embajada, la  de EE.UU.  Estos ataques, y otros más, fueron denunciados en editorial del diario El Comercio del día 8 de abril de 1997, editorial en el que  se solicitó, asimismo, que el Congreso de la República realice una investigación al respecto.

Mi alegría fue grande cuando Gustavo Mohme me envió a Chicago el borrador de un acuerdo de gobernabilidad. Ella  se hizo mayor  cuando, en noviembre de 1999, convocó a todas las fuerzas políticas de oposición a firmar el “Acuerdo de Gobernabilidad” a fin de fortalecer la democracia y enfrentar al fujimontesinismo.

Poco tiempo después, se nos fue. Al igual que más tarde Valentín Paniagua, Alfonso Barrantes, “Pocho” Tantaleán, Armando Villanueva y Javier Diez Canseco, entre otros. A quienes nuestra patria nunca olvidará.

El resto es historia conocida.

Por todo ello, le dirijo este mensaje a Alejandro Toledo: toma consciencia de la historia y no utilices mal el significado de lo que fue “La Marcha de los Cuatro Suyos”.

* El Dr. Gustavo A. Saberbein ha sido catedrático en la UNMS, fundador de uno de los primeros centros privados de investigación económica y formulación de políticas públicas en el Perú, consultor económico de organismos internacionales y Gobernador del Banco Mundial. Asimismo, Profesor Asociado y Vicepresidente de la Universidad san Agustín en Chicago. Actualmente se desempeña como Consultor Económico y Conferencista en EE.UU.

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