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Martes 24 de octubre 2017

La pregunta principal sobre la salud

Por: Eric Nelson
La pregunta principal sobre la salud
Foto: Difusion

Uno podría pensar, basado en un reciente análisisde las preguntas sobre la salud que más se buscan en cada estado, que en California lo que más preocupa a la gente es cuánto duran los herpes labiales, lo que confirma tal vez nuestra tan bien divulgada vanidad.

Aunque el análisis, publicado por la revista Prevention [Prevención] en colaboración con Google, no es de ninguna manera científico, la suposición que lo sustenta, de que somos poco más que seres basados en la materia que necesitan constante reparación, es innegable, sin importar de qué estado uno sea.

Pero ¿qué pasaría si la pregunta más importante sobre la salud que nos hacemos a nosotros mismos fuera algo fundamentalmente diferente? ¿Qué tal si nos preguntáramos no cuánto puede durar o cómo podría manejarse un estado físico en particular, sino en cambio, si somos, en nuestra esencia misma, totalmente materiales o espirituales?

Estoy de acuerdo en que puede parecer tonto hacer una pregunta de la cual ya sabemos la respuesta, o al menos creemos conocerla. Pero supongamos por un momento que no la sabemos. Y supongamos también que cualquiera sea la respuesta a la que lleguemos, la misma podría tener cierto efecto en nuestra salud.

Hace unos años, yo mismo estuve haciéndome esta misma pregunta. Tenía una infección muy dolorosa por la que me resultaba difícil caminar. En lugar de elegir el remedio que pudiera estar disponible en la farmacia, decidí orar por la situación, como acostumbro hacer como Científico Cristiano.

Casi de inmediato me vino al pensamiento algo que había aprendido de mi estudio de la Biblia: que yo era una expresión de Dios, del Espíritu divino, y estaba completamente a salvo y era puro. El problema era que parecía haber una considerable desconexión entre lo que estaba escuchando de Dios, la Mente divina, y lo que mi cuerpo me estaba diciendo. Entonces supe que debía decidir cuál afirmación parecía ser más real, más sustancial; si estaba dispuesto a ver que mi naturaleza genuina era material o espiritual.

Decidí que era “espiritual”, pues sentí que era una elección inspirada, la cual finalmente cambió la corriente de mi pensamiento y llevó a que se produjera una curación rápida, completa y permanente. Podría agregar que desde entonces, he notado el efecto beneficioso que esta certeza divina de mi pureza continúa teniendo, no solo en mi cuerpo, sino también en mi relación con los demás.

Con frecuencia, cuando comparto historias como esta con otras personas, la respuesta que recibo es algo así: “Bueno, eso demuestra el poder del pensamiento positivo”. Si bien agradezco el sentimiento, yo no estoy de acuerdo.

El pensamiento positivo sería como estar sentado en un cine, mirar una imagen fuera de foco en la pantalla, y esperar a que mejore. La oración, por otro lado, es darse vuelta en el asiento (lo cual, naturalmente, algunos podrían interpretar que es evitar el problema) y esperar a que el operador de cabina haga algún ajuste. Para cuando uno vuelve a mirar la pantalla, descubre que la película está nuevamente bien enfocada.

En mi caso, yo no estaba evitando el problema, sino que en cambio, estaba buscando lo que sabía por experiencia que era la solución. Y el ajuste que se produjo en mi pensamiento, que se originó con el “operador de cabina”, me permitió contemplar mi situación desde una perspectiva espiritual —para obtener cierta percepción de mi pureza innata— y como resultado, mi salud mejoró.

Desde entonces, para mí la clave ha sido ser más consecuente al identificarme a mí mismo, no como una “cosa” mayormente material capaz de tener ocasionalmente un “arreglo” espiritual, sino como totalmente espiritual.

“La descripción del hombre como puramente físico, o como material y espiritual a la vez —pero en todo caso dependiente de su organización física— es la caja de Pandora, de la cual han salido todos los males, especialmente la desesperación” escribe Mary Baker Eddy, contundente recordatorio de la importancia de por lo menos explorar quién y qué somos realmente como expresiones de la Divinidad.

Entonces, tal vez la principal pregunta sobre la salud en cada estado será menos acerca de nuestra condición física, y más acerca de nuestra capacidad para expresar esas cualidades de pensamiento que Dios nos ha dado, que no solo nos benefician a nosotros, sino también a aquellos que están a nuestro alrededor.

Eric Nelson escribe acerca de la relación entre la consciencia y la salud desde la perspectiva de la Ciencia Cristiana. Él es Comité de Publicación de la Ciencia Cristiana para el norte de California. Twitter: @NorCalCS

Publicado originalmente en Communities Digital News, @CommDigiNews

 

 

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