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Martes 23 de abril 2019

Tu querida presencia, Alan

Por: Jorge Luis Martínez
Tu querida presencia, Alan
Foto: Difusión


Mg Jorge Luis Martínez, autor de estas líneas

Te fuiste para no ser trofeo de ninguno de tus enemigos que querían verte en una jaula, con un chaleco, rodeado de policías. Lo dijiste hace varios años: “A mí nadie me pone la mano”. Fue tu decisión y solamente tuya. Nadie tiene que juzgarte, nadie debe aprobarla o desaprobarla. En lo que a mí respecta, me invadió una tristeza infinita la mañana del miércoles pasado cuando de pronto oí la noticia. En ese momento ante mí pasaron los cuarenta años que estuviste presente en la vida política de nuestro país.

Llegaste joven a ser Presidente del Perú. Recibiste un país con terrorismo y crisis económica. Tu voluntarismo no pudo contra las leyes de la economía. Tus enemigos te la jurarían después de lo de la banca. La cacería luego vendría; una comisión investigadora que inventó el llamado Informe Lark, el mismo que aprobó el Congreso de entonces. Te veo esa noche del 17 de octubre de 1991 defendiéndote como un león en el Senado antes de ser acusado. Claro, hasta que la Corte Suprema le cerró el paso a esa vil acusación.

Te veo triunfante una vez en el seno del Partido Aprista Peruano en febrero de 1992 tras ser elegido una vez más Secretario General del Partido del Pueblo. Te veo pues convertirte en un opositor de calibre del gobierno de entonces. Vendría luego el cinco de abril y épica huida. No pudieron apresarte y mostrarte como un trofeo, como lo quiso el entonces inquilino de Palacio de Gobierno. Colombia te abriría las puertas y te concedería asilo, luego vendría Paris.

Tu trayectoria política es admirable. Constituyente, diputado, presidente, senador vitalicio, asilado político y un deslumbrante regreso a la patria aquel sábado de fines de enero de 2001. Una Plaza San Martin ante ti, colmada, para escuchar tu mensaje, el poema de Calderón de la Barca; tú, esplendido como siempre. La juventud te seguiría, te apoyaríamos en esa difícil campaña, te propulsaríamos a la segunda vuelta, desafiando a quienes veían en ti un cadáver político. Por poco no te haces ese año con la Presidencia de la República. Qué más dio, en cinco años volviste para librarnos del yugo chavista. La democracia peruana te agradeció esa victoria ante el títere del dictador caribeño. 

Nos llevaste por la senda del crecimiento económico, nadie lo duda. Allí están las estadísticas, rebajaste la pobreza, y dabas catedra en cualquier escenario internacional. La Alianza del Pacífico, las ciento cincuenta mil obras que ejecutaste, los colegios emblemáticos, el Estadio Nacional y demás obras hablan por ti. Pero al igual que en tu primer gobierno, la mezquindad de tus enemigos te saldría al frente y para humillarte conformaron una mega comisión investigadora. A la celada del año pasado respondiste con la solicitud de asilo, un derecho que no te reconocieron. Tus enemigos, Alan, morirán solos, olvidados por su odio.

Hoy ya no estás, tomaste tu decisión. Fuimos a despedirte. En la cola que hicimos muchos para rendirte el homenaje póstumo más de uno recordaba esas clases de oratoria que hoy nadie imparte. Harás mucha falta, Alan querido. Hasta siempre querido Presidente. Anda ligero como el polvo en viaje a las estrellas, a seguir discurseando, polémico, desafiante, como nadie. La política peruana no será igual sin ti. Solo espero que pare el odio y la sinrazón en nuestro país. Pues a buen puerto no nos ha llevado. Descansa en paz, querido Presidente.

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