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Martes 06 de agosto 2019

La vigencia de Haya de la Torre

Por: Daniel Parodi (*)
La vigencia de Haya de la Torre
Foto: Difusión


Daniel Parodi, autor de estas líneas


La filosofía política del fundador del APRA a 40 años de su muerte

 

De tiempo atrás vengo diciendo que hay que despolitizar a Víctor Raúl Haya de la Torre. La afirmación parece una herejía: Haya fue esencialmente político; ese fue uno de sus argumentos en la polémica con José Carlos Mariátegui, decía el fundador del APRA que la revolución debían llevarla a cabo políticos y no poetas, aludiendo que el grupo alrededor del Amauta estaba compuesto por literatos y a los ensayos de aquel sobre la literatura peruana.

Sin embargo, cuando hablo de despolitizarlo, me refiero a dejar de tratarlo como el político opuesto a Mariátegui y opuesto a los socialismos soviético, chino y cubano hasta el final de sus días. Verlo de esta manera, y recelar que su partido ocupase durante seis décadas el espacio de la izquierda en el Perú, ha supuesto tratarlo a él, y a su trayectoria, como la traición constante de sus postulados primigenios, pues Haya transita desde un enfoque marxista de la realidad latinoamericana a otro más bien democrático de la misma.

Más allá de estas polémicas y de las que siguen levantando el apoyo del PAP a Manuel Prado en 1956 y la alianza parlamentaria con la Unión Nacional de Manuel Odría en el periodo 1963-1967, Haya fue uno de los filósofos políticos más relevantes de la América Latina del siglo XX. Repasemos algunos de sus principales postulados desde un enfoque contemporáneo:

El Imperialismo, primera etapa del capitalismo

En 1917 Vladimir Ilianov Lenin, líder de la revolución bolchevique, le añadió al materialismo histórico de Karl Marx una fase más. Para Marx, la historia evoluciona de acuerdo con los modos de producción: esclavismo, feudalismo, capitalismo y comunismo. Para el pensador alemán, el socialismo debía constituirse en la transición del capitalismo hacia el comunismo. Toda vez que las tesis de Marx fueron desarrolladas en el siglo XIX, Vladimir Ilianov Lenin, observando los fenómenos del imperialismo británico y los albores del norteamericano, señaló que la expansión mundial del capitalismo a través de la colonización, política o económica, de diversas regiones del mundo, con la finalidad de obtener las materias primas requeridas por sus florecientes industrias, constituía la fase superior o última del capitalismo.

Haya de la Torre, estudioso de la obra de ambos autores, y provisto temprano de una mirada latinoamericana del mundo, planteó que en nuestra región el imperialismo constituía la primera etapa del capitalismo pues este nos llegaba en esa forma. Eran aún los tiempos de la política del gran garrote dictaminada por Theodore Roosevelt, en el año 1900. Desde entonces, los capitales y la extracción de recursos naturales por parte de firmas norteamericanas se expandieron por todo el continente, bajo la premisa de aliarse con dictadores y/o oligarquías locales que se beneficiaban en tanto actuaban como intermediarios del gran capital. La ecuación básica de esta situación es que el extractivismo norteamericano dejaba muy poco a cambio, por lo que los países del resto de América se mantenían en una situación de subdesarrollo.

Recibir los capitales del imperialismo en condición de igualdad

Aunque el rol de las clases medias en la revolución fue uno de los aspectos más conocidos de su polémica con Mariátegui, nosotros encontramos que la idea de desarrollar el capitalismo en nuestros países a través de la llegada del capital norteamericano en condiciones que le permitiesen desarrollarse a América Latina, es la tesis que definitivamente aleja a Haya de la Torre del marxismo. Cierto es que en El Antimperialismo y el APRA (1928) Haya considera que dicho desarrollo, que implica también el de la clase proletaria, debía conducir finalmente hacia el socialismo. Sin embargo, desde su más importante redefinición en 1931 (Vallenas 1992, Haya de la Torre: político de realidades); es decir, desde que adoptase la democracia liberal como horizonte político, permanece vigente su tesis de la importancia que adoptarán los capitales foráneos cuando, más allá de la extracción de productos primarios, doten a los países receptores de la tecnología que les permita transformar sus estructuras productivas en industriales para enrumbarse ellos también hacia el desarrollo material.

De hecho, el desarrollo de la técnica es un elemento transversal a la obra de Haya de la Torre que ha sido muy poco estudiado. Casi desde los inicios de su trayectoria, hasta sus últimos discursos en la Avenida Alfonso Ugarte, en la década de 1970, Haya insistió en la necesidad de desarrollar la ciencia y la tecnología, ramo fundamental hasta hoy muy poco atendido por el Estado.

Concurrir al mundo en bloque

En 1935 se publicó adónde va Indoamérica que sitúa a Haya en el contexto europeo de la Sociedad de las Naciones, así como del ascenso de los fascismos italiano y alemán. Por esos tiempos, Haya planteó la creación de un bloque económico latinoamericano precisamente para alcanzar una posición de igualdad en las negociaciones con el gran capital, que permitiese el desarrollo y la tecnificación de la región latinoamericana.

Es notable este salto al futuro de Haya de la Torre. Al partir de América Latina para, desde allí, enfocar al mundo al que Haya siempre concibió como un conjunto de bloques económicos, incluso en tiempos de la Guerra fría. Por ello, insistió porfiadamente en constituir un bloque de países latinoamericanos. Al día de hoy, la Alianza del Pacífico, foro regional de libre comercio entre Perú, Chile, Colombia y México, es la organización regional más funcional y consistente con la globalización económica desde México hasta Tierra del Fuego, por encima de los burocratismos de Unasur, entre otras.

El espacio-tiempo histórico

La compilación Espacio-Tiempo Histórico (ETH), publicada en 1948 y que contiene, entre otros, el ensayo Sinóspis filosófica del Aprismo, publicado originalmente en la revista bonaerense Claridad en 1935, es la más denostada por sus detractores, al punto que hoy no forma parte de las compilaciones sobre filosofía política latinoamericana, ni menos si tratan de filosofía de la historia en general.

A nuestro parecer, la crítica generalizada a esta obra en el medio intelectual peruano puede responder a que ETH coloca a Haya de la Torre en la vanguardia filosófica de su tiempo. El fin de la Segunda Guerra Mundial (1945), la muerte del líder ruso José Stalin (1953) y el XX Congreso del PCUS (1956) encabezado por el revisionista Nikita Kruschev, quien buscó darle al socialismo un rostro más humano y destapó los crímenes contra la humanidad perpetrados por el estalinismo, desató un gran debate al interior de la esfera de las ciencias políticas y sociales.

En tal contexto, se publicó “Planificación económica colectivista: estudios críticos sobre las posibilidades del socialismo” (1935) de Friedrich August Von Hayek, quien, tras militar en el socialismo fabiano en su juventud, disertó sobre el mercado y los límites de la economía planificada. En 1945, Karl Popper publicó “la sociedad abierta y sus enemigos” en la que fustiga duramente los métodos totalitarios, con especial énfasis en el marxismo y el estalinismo. También en esta obra, y luego en La Miseria del Historicismo (1961), el filósofo austriaco realiza una dura crítica al determinismo histórico y a la idea, presente tanto en el horizonte ilustrado como en el marxista, de que la historia tiene o persigue una finalidad. Este es el inicio de las crisis de los grandes meta-relatos que dio lugar a la publicación de la Condición posmoderna de François Lyotard en 1973.

Retorno entonces a mi tesis de la denostación intencionada de ETH de Haya de la Torre porque en su artículo Sinopsis Filosófica del Aprismo( 1935), bajo el prisma de la dialéctica hegeliana y el relativismo de Einstein, el fundador del APRA supera el determinismo histórico marxista, y más su versión estalinista (esto es estandarizada), cuando señala que, aunque en el tiempo presente pareciera que existe una sincronía entre diferentes regiones del mundo, el nivel de desarrollo económico en cada región es distinto con respecto al de otras regiones. De allí que, por ejemplo, en unas pudiese predominar el capitalismo industrial, mientras que otras – es lo que pensaba tempranamente Haya sobre el Perú - podrían situarse en una etapa de desarrollo feudal. Desprende Haya de estas premisas, que las políticas a aplicarse en cada región del mundo deben variar y adecuarse a su propio espacio-tiempo histórico.

Estas tesis de Haya no solo superan el determinismo histórico sino que cuestionan el metarrelato de la Historia Universal que propone que el mundo entero transitó casi homogéneamente desde la Edad Antigua a la Contemporánea. Haya no sólo sostuvo que los periodos de la pretendida Historia Universal sólo podían aplicárseles a Europa, sino que sostuvo que, dentro de cien años, los modelos políticos, económicos y sociales contemporáneos serían completamente superados, como nos lo demostró, a posteriori, la era de la globalización y de la revolución de las comunicaciones.

Para terminar, un modelo de análisis

Un elemento que quiero resaltar, al concluir esta breve reflexión acerca de las ideas de Haya de la Torre, es que el corpus doctrinal aprista, pues fue enriquecido con los aportes de otros militantes destacados como Rómulo Meneses Medina, Manuel Seoane Corrales, Andrés Townsend Ezcurra y Luis Alberto Sánchez, constituye también un modelo de análisis de la realidad. No podía sino serlo pues Haya de la Torre dedicó completo su largo primer exilio -1924 – 1931- a estudiar a Marx, Lenin, Trotsky, así como viajó a conocer la Rusia Soviética y cursó estudios en la universidad de Oxford, Inglaterra, nutriéndose así de diversas influencias y dotándose de una innegable capacidad de enfocar la realidad mundial en sus diferentes coyunturas espacio-temporales.

El modelo aprista enfoca y estudia la realidad desde premisas que han sido desarrolladas en estas líneas. Sus constantes son la democracia, la conquista de los derechos humanos, civiles, políticos, sociales y de la mujer, tal y como nos lo recordara Haya el 28 de julio de 1978, en su último gran discurso de instalación de la Asamblea Constituyente. También lo es la idea de un mundo dividido en bloques, a cuya economía debemos asistir convertidos en uno, si lo que se busca es alcanzar el desarrollo material y tecnológico. A su turno, las dos variables fundamentales en el modelo de análisis aprista lo constituyen la relatividad y la dialéctica, que obligan a revisar y adecuar constantemente los modelos y la praxis políticos.

A 40 años de la muerte de Haya de la Torre, nadie parece interesado en levantar su legado, sirvan estas líneas como recordaris a la intelectualidad peruana, que sigue negándole su lugar entre los grandes filósofos políticos latinoamericanos, así como de llamado a los jóvenes interesados en la política, entendida como servicio público, democratización, justicia social, desarrollo económico e igualdad, en todas sus modalidades.

(*) Historiador Daniel Parodi Revoredo, docente en Universidad de Lima y PUCP

Artículo publicado en el portal La Mula. 

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