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REDES SOCIALES
Martes 19 de mayo 2020

Lo difícil que es equivocarse, más el reconocerlo

Por: Fernando Valdivia Correa
Lo difícil que es equivocarse, más el reconocerlo
Foto: Difusion

En entrevista televisiva se le preguntó a Víctor Zamora sobre la posibilidad de traer vía puente aéreo desde Iquitos a la capital a los médicos infectados por el Covid-19 que se encuentran en cuidados intensivos, respondió que “…., desde el punto de vista legal, constitucional, todos los profesionales son igual de ciudadanos que el resto de nosotros….”. La indignación cobró fuerza inmediatamente, al punto que el Colegio Médico pidió al señor Vizcarra su salida del gabinete.

Lejos de acallar las reacias críticas, en su acostumbrada y solitaria conferencia, Vizcarra ratificó la confianza al ministro, pidiendo al CMP superar alguna discrepancia suscitada, aunque sin admitir responsabilidades y menos pedir disculpas.

Pero exactamente ¿que fue aquello que exacerbó los ánimos no solo del CMP sino de gran parte de la población?. Es cierto que bajo el principio constitucional de la igualdad ante la ley se proscribe la discriminación; sin embargo, cabe la posibilidad de la diferenciación entre personas ante determinadas situaciones. El Tribunal Constitucional ha sostenido que “…(Sic).., debe precisarse que la diferenciación está constitucionalmente admitida, atendiendo a que no todo trato desigual es discriminatorio; es decir, se estará frente a diferenciación cuando el trato desigual se funde en causas objetivas y razonables. Por el contrario, cuando esa desigualdad de trato no sea ni razonable ni proporcional, estaremos frente a una discriminación y, por tanto, frente a una desigualdad de trato constitucionalmente intolerable” (STC N° 0048-2004-PI/TC).

En nuestro caso, efectivos policiales, miembros de las Fuerzas Armadas, y profesionales de la salud (médicos, enfermeras, etc.), están diariamente en la primera línea de batalla frente a esta mortal pandemia, exponiendo su integridad física y emocional en procura de nuestro bienestar, inclusive cuando el propio Estado no les provea de suficientes recursos logísticos (mascarillas, lentes, etc.) para hacerle frente.

Así lo entendemos los más de 30 millones de peruanos cuando cada noche (8pm) aplaudimos a estos héroes anónimos con rostro para agradecerles la encomiable y desinteresada labor que desarrollan.

 Como lo hemos señalado en anteriores oportunidades, en más de sesenta días de confinamiento (mal llamada cuarentena), el gobierno del señor Vizcarra carece de lo más elemental: ESTRATEGIAS. Por ello, coincidimos con Ana Sánchez cuando refiere -en el caso del gobierno ibérico- que “….El Ejecutivo socialista no es culpable de que exista el coronavirus pero sí lo es de no haber preparado al país para su llegada y de haber retrasado la toma de medidas contra su expansión….” (ABC, 13.04.2020).

La Organización Mundial de la Salud acaba de señalar que probablemente este virus no desaparecerá, lo cual hace entrever que tendremos que aprender a convivir con ello, tomando las precauciones que los especialistas nos indican (lavarse las manos con jabón, uso de mascarillas, y respetar el distanciamiento social).

Por esto último, es incomprensible los vaivenes del gobierno en la toma de decisiones. Ejemplo es la dación de la norma que prohibió el acceso a mercados y bancos sin el uso de guantes, a pesar que la propia OMS y OPS no garantizaban su uso para evitar contagios, resultando que en menos de veinticuatro horas el propio gobierno enmendase dicha disposición con ¡Fe de Erratas!, y no emitiendo otra norma de igual o mayor jerarquía como debió corresponder. O, la reciente declaración del mismo Zamora al anunciar la entrega de 10 millones de mascarillas a nivel nacional para la población vulnerable a través -una vez más- de los municipios, sin detallar cómo serán distribuidas, cuantas corresponderá a cada persona/familia, y de qué medios logísticos se servirán los entes ediles para el reparto.

Sigamos aplaudiendo a estos miles de héroes, incluyendo a los bomberos, y al personal de serenazgo y de limpieza pública, reconociéndoles su valioso esfuerzo, aunque desde el gobierno agregar que a este reconocimiento se les atienda cuando menos en su indumentaria. Además que en su próxima conferencia de mediodía, Vizcarra haga guardar un minuto de silencio por la memoria de todos nuestros héroes que nos acompañan desde el cielo, así como el compromiso de velar por sus familiares que hubieran quedado en la orfandad. Se lo merecen, y el Perú también.

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