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Viernes 21 de enero 2022

Lo fácil que resultó llegar a ser presidente en el Perú

Por: Fernando Valdivia Correa
Lo fácil que resultó llegar a ser presidente en el Perú
Foto: Difusion

El hombre es dueño de sus silencios y esclavo de sus palabras”, frase atribuida a Aristóteles, y que calza a la perfección -cada día más- con los afiebrados comentarios que nos tiene mal acostumbrados Pedro Castillo Terrones. En reciente alocución manifestó que “Es fácil llegar a ser presidente, pero gobernar es distinto”, agregando que “Hemos aprendido cosas que ni siquiera se nos pasó por la cabeza”.

Esta afirmación, ligera y temeraria por cierto, no hace sino confirmar dos cosas sobre el profesor: i) no tuvo la menor idea de cómo llegó ahí; vale decir, a ser presidente; y ii) como consecuencia de lo primero, ya en el ejercicio del cargo no tiene la mínima idea de que hace ahí, y menos por donde empezar para atender y resolver la problemática que nos aqueja en el día a día.

Llegar a ser funcionario público en el país no es cosa fácil. O no debiera serlo, y menos para ocupar la más alta jerarquía. Para ello, se requiere -primero- preparación; es decir, conocimiento y experiencia previos sobre materias -cuando menos- en gestión pública. Esto es de suma importancia pues hay determinados puestos en que se ingresa sabiendo de antemano, y no fruto de la improvisación. La buena intención, las ganas de hacer bien las cosas, la motivación, etc., es interesante, aunque no suficiente. Así, en el caso del precario inquilino de Palacio de Gobierno, tanto el aspecto académico como la experiencia profesional, dista mucho de lo que se necesita para ser presidente de la República.

En segundo lugar, es trascendental contar con calidad humana para quien llegue a desempeñar la primera magistratura del país. Si bien elegimos a una persona literalmente “de carne y hueso” y no para ser beatificado, lo cierto es que el/la candidato/a tenga lazos firmes en respeto irrestricto a las reglas de la democracia. En plena campaña (marzo de 2021), Castillo amenazó con desactivar el Tribunal Constitucional y la Defensoría del Pueblo, organismos constitucionalmente autónomos de protección de los derechos fundamentales; amén de pretender disolver el Congreso en caso que no se convocase a Asamblea Constituyente. Esto último, insiste -infructuosamente para tranquilidad nuestra- hasta el momento. Ya en el poder, intenta frenar las investigaciones fiscales a cargo de Norah Córdova por el presunto caso de corrupción en Petroperú, interponiendo un habeas corpus que, en primera instancia, ha sido rechazado por el juez; así como seguir designando irregularmente a personajes que a todas luces no cumplen con el perfil idóneo; entre otras anomalías, claro está.

Si el señor Castillo no sabe cómo llegó a ocupar la presidencia de la República, menos la tendrá en dirigir los destinos de la patria. Si fuese consciente de ello, tomaría el camino de la renuncia, o esperar (im)pacientemente que lo saquen del cargo. Lo primero, es su prerrogativa (y un deber con el pueblo, hastiado de tanto mediocridad ad portas de cumplir 6 meses de enteco gobierno), mientras que lo segundo, tarea del Parlamento. ¿Cuál llegará primero?. Más temprano que tarde lo sabremos.

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