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REDES SOCIALES
Jueves 12 de abril 2012

Las razones de la sumisión

Por: Jorge Bruce.
Las razones de la sumisión
Foto: m24digital.com

A veinte años del autogolpe, con los principales perpetradores del mismo impecablemente juzgados y encarcelados, hay una masa considerable de compatriotas que siguen apoyando al dictador y a sus sucesores dinásticos. Forzoso es constatar que el peligro de la regresión está latente. Bastaría que se encadenen un conjunto de situaciones angustiantes: que la crisis económica internacional termine por afectarnos gravemente, por ejemplo, o que el narcotráfico gane terreno de manera aún más alarmante y próxima a los grandes centros urbanos, mientras que algunos conflictos socioambientales se desbordan, para que el fantasma de la mano dura emerja con fuerza. Por otro lado, es evidente que no sirve de nada limitarse a estigmatizar a quienes piensan que el autoritarismo es la única manera de enfrentar los graves conflictos de una sociedad tan desigual e injusta como la nuestra.

Por más que se demuestre que no era necesario arrasar con las instituciones de la democracia para vencer a Sendero y enderezar la economía, despedazada por la corrupción y los delirios del primer gobierno de García, mucha gente se aferra a la idea de que esto solo fue posible gracias a la abdicación de sus derechos ciudadanos. Que lo bueno del fujimorismo fue posible gracias al sometimiento y envilecimiento de la sociedad, y no pese a este. La psicoanalista Jessica Benjamin hizo una pregunta clave: “Una vez que se entiende la sumisión como el deseo de los dominados, tanto como su desamparada suerte, podemos esperar responder la pregunta central: ¿cómo se ancla la dominación en los corazones de aquellos que se someten a esta?”.

Es claro que con un Estado y unas instituciones tan ineficientes como los nuestros, se requiere una convicción democrática muy sólida para resistir a la tentación de someterse a un padre omnipotente que te ofrece salvación o privilegios, según tu ubicación en la pirámide social, a cambio de tu alma. Así, cuando mi vecino de Miraflores permite que los albañiles de su obra trabajen fuera de horario, tolerando que se escondan cuando serenazgo les toca la puerta para después continuar, siente que se ha salido con la suya. La impotencia del servicio fiscalizador es otro síntoma de esta precariedad institucional, pues me dicen que no pueden hacer nada… ¡si no los fotografían violando el reglamento municipal! Y cuando llamo al alcalde no obtengo respuesta. Esta anécdota insignificante grafica, sin embargo, la esencia del proyecto fujimontesinista: la combinación de instituciones impotentes con la ley del más pendejo. Hasta que un delincuente aplica el mismo principio y asalta a la mamá de ese vecino que se las sabe todas. Solo entonces comprende –acaso– que las leyes organizan la convivencia en función del bien común.

Pero mientras la inseguridad aumente en nuestras calles, para seguir con el último ejemplo, es improbable que disminuya la cantidad de quienes creen que el balance del fujimorismo fue positivo. En alguna parte de esas mentes entregadas al cálculo egoísta resumido en “todo está bien si a mí me va bien”, anida el anhelo de retornar al goce de ese padre de la horda primitiva, cuya voluntad no se discute a cambio de orden y progreso. Castoriadis, psicoanalista y filósofo, hacía otra pregunta clave sobre el gran enigma de la política: “¿cómo podrían individuos que no son autónomos crear una sociedad autónoma?”. Esa también nos toca responder a los peruanos del siglo XXI (Con información del diario La República).

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