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Miércoles 09 de mayo 2012

Cuidado con la leche

Por: Marta Villén Vega
Cuidado con la leche
Foto: revistadelconsumidor.gob.mx

La leche es el máximo exponente de la contradicción en alimentación. Puesto que la leche materna es capaz por sí sola de alimentar y hacer crecer a un recién nacido durante el período de lactancia, hemos creído por extensión que es un alimento perfecto para toda la vida.

El consumo de leche tras el destete es problemático debido a que a partir de entonces consumimos leche de otra especie animal. Cada mamífero tiene necesidades diferentes, distintos sistemas digestivos, inmunitarios, etc. Es una aberración pensar que un niño recién nacido necesita lo mismo que un cordero, o que podrá digerir lo mismo que una ternera. Tampoco un adulto.
Todos los componentes de la leche de vaca son potencialmente problemáticos.

PROTEINAS

La leche de vaca contiene una gran concentración de proteínas (para que el ternero llegue a pesar 150 Kg. en un año) que nuestro estómago no está preparado para digerir. Este es el problema de salud más importante que presenta el consumo de leche, el cual podemos simplificar diciendo que pasan a la sangre proteínas mal hidrolizadas (mal divididas) que el sistema inmunitario reconoce como sustancias extrañas contra las que reacciona. Son verdaderas reacciones alérgicas muy frecuentes pero que raramente se relacionan con la leche, y según donde ocurra la reacción se producen síntomas respiratorios (sinusitis, mucosidades, alergias ambientales, asma, infecciones), dermatológicos (eccemas, erupciones), digestivos (cólicos, colon irritable, diarreas y vómitos, sangrados imperceptibles causantes de anemia) y autoinmunes. Se han encontrado relaciones importantes con diabetes juvenil y autismo. Si bien no se puede decir que siempre que aparece uno de estos trastornos la leche es la única causante, sí podemos afirmar que la leche y sus derivados son habitualmente uno de los factores implicados.

HIDRATOS DE CARBONO

La lactosa necesita la enzima lactasa para ser digerida, pero ésta solo se segrega desde que nacemos hasta los dos o tres años de edad, y luego va disminuyendo hasta desaparecer (este es uno de los indicadores de que nuestro organismo no está diseñado para el consumo de leche tras el destete). El 85 % de adultos la siguen segregando en mayor o menor medida como respuesta a la ingesta de leche. La insuficiencia o carencia de lactasa es la razón por la que la digestión de la leche es lenta y limitada para muchas personas, y a veces imposible; puede llegar a causar gases, diarrea, digestiones pesadas, dolor abdominal… síntomas de intolerancia a la lactosa.

GRASAS
La leche es rica en grasas saturadas y colesterol, de demostrada capacidad aterogénica, es decir, causante de arteriosclerosis y enfermedades coronarias.
Quesos, nata, helados… son concentrados de grasas, y las grasas que se retiran de los productos desnatados vuelven a la cadena alimenticia en los productos elaborados en forma de grasas lácteas. Además, al desnatar la leche se concentran las proteínas, con lo cual se acentúan los problemas antes comentados, así como la capacidad de lesionar la capa interna de los vasos sanguíneos (donde luego se acumulan los depósitos de grasa y trombos).

CALCIO

Éste es el aspecto más paradójico y que más incredulidad causa: el consumo de lácteos está directamente relacionado con la osteoporosis. Está ampliamente demostrado a nivel mundial que a mayor consume de lácteos y de proteínas, mayor es la incidencia de osteoporosis y fracturas de cadera. No hay osteoporosis donde no se consumen lácteos, y aparece en sociedades en las que se introducen como hábito de consumo. Se sabe que las necesidades diarias de calcio son mucho menores que las tradicionalmente recomendadas y no se conocen problemas asociados a la baja ingesta de calcio.  
Es más, menores consumos de calcio y de proteínas, como la dieta vegetariana, o dietas de sociedades cuya base son los vegetales, están asociados a buena salud, huesos fuertes y sin osteoporosis, y sin embargo la ingesta elevada está relacionada con osteoporosis, cálculos renales y biliares, bursitis y formación de placas de ateroma.

OTROS

Junto a la leche de vaca tomamos también todo el cóctel de hormonas que la vaca transmite al ternero y (en leches de producción no ecológica) las que se les inyecta para que multipliquen por diez la producción de leche, los pesticidas provenientes de su alimentación y del tratamiento de establos, los antibióticos utilizados masivamente para las frecuentes mastitis y también pus proveniente de las mismas.
La gran capacidad de adaptación de nuestro organismo hace que intente asimilar todo lo que "le echamos", pero mucho de lo que comemos genera conflictos en nuestro cuerpo. Unas veces lo rechaza con reacciones evidentes y otras intenta sobrellevarlo compensando de cualquier forma posible. Entonces expresa síntomas inespecíficos, insidiosos o síntomas que al no ser digestivos no solemos relacionar con los alimentos.

La conducta se sigue repitiendo continuamente, con lo que el sistema se va sobrecargando. Debemos comprender la implicación tan importante que tiene con el sistema inmunológico y la enorme proliferación de síntomas alérgicos y enfermedades auto inmunes.
Una de las razones por las que no podemos creer que la leche cause tantos problemas es porque la publicidad constantemente la ensalza y muchos médicos todavía la recomiendan. Entonces, ¡¿en quién podemos confiar?! Actualmente existe gran cantidad de estudios concluyentes, que evidentemente no están en los cauces de información masivos, pero sí al alcance de quien quiera documentarse seriamente.
Observemos cómo la industria láctea ha ido modificando la leche conforme se han hecho patentes sus inconvenientes: desnata, agrega vitaminas y frutas, pasteuriza, homogeneíza y actualmente introduce alternativas como la soja y otras leches vegetales, que abren paso a la necesidad cada vez más evidente de buscar nuevas vías para poder seguir vendiendo. Todo esto sin tener en cuenta el desprecio absoluto por la vida de la vaca, forzada a parir cada año y a producir hasta 20.000 litros de leche anuales y cuyos terneros se le arrebatan para ser sacrificados. Ambos están sometidos a sufrimientos extremos para satisfacer nuestro hábito innecesario y ciertas exigencias económicas. Así que… ¿qué hay de la idea de dejar ya de mamar del tetrabrick?

 

Nota publicada en laeco.net

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