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Domingo 08 de diciembre 2013

Nelson Mandela: el legado de paz de un notable

"El político es ejemplo de que un liderazgo fuerte y bien intencionado puede ganar causas imposibles y promover la reconciliación", sostiene el diario chileno La Tercera en su editorial correspondiente al 8 de diciembre de 2013.
Nelson Mandela: el legado de paz de un notable
Foto: worldnews.nbcnews.com

la muerte de Nelson Mandela aleja de la escena a uno de los políticos más carismáticos y universales que ha producido el continente africano, al tiempo que agranda la imagen y el mensaje de uno de los grandes líderes del siglo XX. Mandela combatió al régimen racista blanco en Sudáfrica y luego entendió que sólo es posible reconstruir una sociedad herida con el concurso de todos, incluso de aquellos que lo habían maltratado a él y a su pueblo. Su voluntad de luchar por la justicia y por dejar de lado el espíritu de revancha constituye un poderoso ejemplo de grandeza.

Luego de abrazar el camino de la violencia para resistir al régimen del apartheid e integrar el ala más radical de su partido político, el Congreso Nacional Africano, Mandela fue detenido en 1962 y condenado en 1964, acusado de alta traición. Durante los 27 años que permaneció en distintos penales, la rebeldía contra las injusticias del régimen supremacista creció entre la mayoría negra sudafricana. El gobierno blanco entró en crisis, y sus brutales esfuerzos por reprimir la sostenida resistencia de un pueblo que no se resignó a perder su dignidad no hicieron más que aumentar su debilidad e incrementar su aislamiento internacional. Cuando llegó al poder Frederik W. De Klerk, se dio cuenta de que la situación era insostenible y que era necesario negociar. Vio en Mandela al único líder con legitimidad para entablar negociaciones y se decidió a liberarlo.

En febrero de 1990, Mandela salió como un hombre libre desde la prisión Victor Verster. La experiencia lo había cambiado. Ya no era el aguerrido líder que emulaba al Che Guevara, llamaba a una revolución castrista y vestía con trajes verde olivo. Ahora usaba corbata o coloridas camisas tribales y predicaba una visión unificadora. Eso no hizo de él un negociador débil. Mandela combinó habilidad con fuerza para obligar a De Klerk a que éste facilitara un traspaso total del poder desde la minoría blanca hacia la mayoría negra. El prestigio y la imagen de “Madiba” (abuelo) se agigantaron cada vez más, hasta que llegó el día de 1994 en que se celebraron elecciones abiertas y Mandela se convirtió, tras ganar con el 62% de los votos, en el primer presidente negro de Sudáfrica.

Su figura ya era imponente, pero creció aún más durante los cinco años en que ejerció el poder. Luego de convencerse a sí mismo de que la unidad era requisito ineludible, hizo el esfuerzo de persuadir a todo un país de que la vía de la reconciliación no sólo era posible, sino también necesaria. Para ello no titubeó en tomar la iniciativa -como ocurrió, por ejemplo, durante el episodio de la Copa del Mundo de Rugby de 1995 que ha sido retratado en un libro y una película- y señalar el camino a sus compatriotas. Sin dejar de buscar la verdad de los atropellos cometidos durante las décadas de vigencia del apartheid, Mandela resistió la tentación de la venganza y optó por tratar de construir una sociedad integrada, no sólo con los blancos afrikaaners, sino también entre los distintos grupos tribales que componen Sudáfrica. Su enorme legado es haber buscado la reconciliación y la paz para su país.

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