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Jueves 11 de septiembre 2014

Independentistas y defensores de unión con Inglaterra escenifican dramático final en campaña del Referéndum de Independencia de Escocia

La lucha ahora es voto por voto, ambos campos han bajado al llano para promover sus respectivas opciones en un final dramático. la cita con las urnas es el jueves 18 de septiembre
Independentistas y defensores de unión con Inglaterra escenifican dramático final en campaña del Referéndum de Independencia de Escocia
Foto: Captura TV


La bandera escocesa, el Saltire, flamea en la residencia del Primer Ministro en Londres, al igual que en el de muchas dependencias del Estado inglés

El “Saltire”, la bandera escocesa que lleva en su centro una cruz blanca en forma de X latina sobre un fondo azul, ondea desde este segundo martes de septiembre de 2014 sobre el número 10  de Downing Street, la residencia en Londres del Primer Ministro, hoy el conservador David Cameron,  de su Graciosísima Majestad Isabel II. No es para menos, pues lo que está en juego en esta recta final de la campaña del Referéndum para la Independencia de Escocia de aquí al jueves 18 de septiembre, día de la votación, es nada menos que la continuidad del Reino Unido, conformado asimismo por Irlanda del Norte y Gales.

Una encuesta de opinión publicada hace pocos días que muestra que el “Sí” a la independencia cuenta con un porcentaje mayor al que los electores le otorgan a sus contrincantes, los pro Reino Unido, liderados por el ex Ministro de Economía y Hacienda, el escocés Alistair Darling, ha puesto de vuelta y media al conjunto de la clase política de la Rubia Albión. Y ha añadido de esa manera una alta dosis de dramatismo en los días finales de una campaña en las que muy pocos en Inglaterra conocería un final de esta naturaleza. Sobre todo a fines de junio; entonces un sondeo atribuía al “No” 20 puntos más que los se le asignaba a los defensores de una separación definitiva de Escocia del Reino Unido, opción que de prosperar haría de Escocia, el 24 de marzo de 2016 Escocia, después de poco más de tres 300 años de unión con Inglaterra, un nuevo país soberano.

Y aunque para mediados de esta semana un nuevo sondeo de opinión muestra que el “No” habría recuperado terreno de miras a la trascendental jornada del 18 de septiembre, y tendría a 53 de cada 100 electores prestos a escogerla como opción, lo cierto es que los independentistas,  liderados por el dinámico Primer Ministro de Escocia Alex Salmond, han hecho que las cosas se tornen más difíciles de lo que esperaban los defensores de la continuidad de lo que estableció el Acta de la Unión, una serie de leyes aprobadas por los parlamentos de los reinos de Inglaterra y Escocia en el lejano 1707 a fin de implementar el Tratado de Unión entre ambos países.

Una situación extrema que ha obligado a los defensores de la Unión con Inglaterra, cuya campaña impulsa la organización “Better Together”, “Mejor Juntos”, tienen ahora que echar mano no solo de los recursos que creyeron suficientes, sino también de los que provienen de la maquinaria pesada del establishment político del reino. Conservadores, Liberales y Laboristas, más allá de las diferencias que en otras situaciones puedan enarbolar, se han unido, a sabiendas que nada está dicho en torno a la permanencia de Escocia en el Reino Unido; y que el Estado en la que generaciones de súbditos de la realeza británica se han sucedido desde inicios del siglo XVIII podría ingresar a un periodo de incertidumbre, por no decir otra cosa.

Por lo pronto, como un signo anunciador de lo que sucedería en caso de que el “Sí” sea la respuesta mayoritaria a la pregunta “¿Debería Escocia ser un país independiente?”, la libra esterlina cayó este lunes 8 de septiembre, aunque se estabilizó de inmediato el martes, y la cota bursátil de las empresas que evolucionan en el norte de Inglaterra perdieron valor. Algo que sin duda alguna suscita nerviosismo en ambos campos, pero nada en comparación a lo genera en la mente de los escoceses, reacios en su gran mayoría a un cambio de moneda, la posición del gobierno inglés expresada a través de George Osborne, Ministro de Economía y Hacienda en el gabinete Cameron, con respecto al rechazo de Inglaterra, en caso de que el “Sí” triunfe, de compartir la libra esterlina con una Escocia independiente. Lo que obligaría a los hasta ahora súbditos de Escocia en caso de dejar de serlos a contar con un nuevo signo monetario.

Un hecho que los independentistas agrupados en el “Yes Scotland”, (Sí Escocia), tratan de relativizar aduciendo que Londres finalmente -pragmatismo inglés obliga- firmará un acuerdo monetario con el flamante país soberano pues lo que, por una parte, estará en juego será el futuro de las empresas inglesas que gozan de presencia comercial en Escocia y que requerirán de una moneda única para hacerlo con dinamismo, y , por la otra, lo concerniente al porcentaje de la deuda que Escocia tendría que asumir, al menos en teoría, en proporción a su población (8 por ciento), algo a lo que los independentistas se oponen en caso el acuerdo monetario no sería firmado. Nada hay en términos jurídicos que pueda obligarlos, se sostiene en la prensa, pues las obligaciones de pago están a nombre Inglaterra (!).

Así las cosas, tanto el conservador David Cameron, como su aliado el liberal Nick Clegg y el líder de la oposición, el laborista Ed Milliband, se han visto obligados a bajar al llano y desplazarse al campo de esta batalla electoral a mediados de esta semana a fin de expresarle a los escoceses la importancia de “continuar juntos”. Tal como ha hecho con apasionamiento David Cameron refiriéndose al resultado del referéndum: “(me) dolería en el alma si esta familia de naciones, unida por nosotros y que ha realizado cosas en forma sorprendente, se separe”.  Ed Milliband ha propuesto incluso que los residentes a lo largo y ancho de Inglaterra hagan flamear la bandera escocesa, la Saltire, en sus casas y empresas en señal de solidaridad con la causa de la pervivencia de un Reino Unido que incluye a Escocia.

Por el momento, en el marco de un mano a mano final que se torna encarnizado nada está dicho. Otro no podría ser el escenario con un Partido Nacional de Escocia que cataliza el ímpetu sin parangón de los independentistas levantando la voz a fin de promover el voto a favor de algo más, mucho más, que la ampliación de las prerrogativas implícitas en la Devolución de importantes poderes a la asamblea legislativa y al poder ejecutivo escocés: lo ofrecido por los pro unionistas en aras de evitar la independencia escocesa y el desmembramiento del reino. El 10 por ciento de los electores que no han decidido aún por qué opción inclinarse, y aquellos que votan tradicionalmente por el Laborismo pero que también dudan -en este país cuya asamblea legislativa cuenta con un solo representante del Partido Conservador-, decidirán el destino de la permanencia de Escocia en el reino.

Los pocos días pues que nos separan del crucial 18 de septiembre estarán caracterizados por una emotividad sin precedentes en la arena política de un reino en el que por primera vez, haciendo uso de las armas propias de la democracia, un gran sector de la ciudadanía de una de las naciones que lo conforman amenaza con socavar los cimientos de la unión que los cohesiona. Los ojos del mundo dirigen la mirada a la tierra que da cobijo a más de 5 millones 300 mil habitantes diseminados sobre una superficie cercana a los 79 mil kilómetros cuadrados, el 8 por ciento de la población y un tercio de la superficie respectivamente de un reino al que, valgan verdades, cuesta a muchos imaginar sin Escocia. 

PHR

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