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Domingo 26 de febrero 2017

Sergio Moro: un héroe de visita

"Esperemos pues que el paso de Sergio Moro por Lima haya acicateado la reflexión en nuestros jueces. Los magistrados tienen que actuar en beneficio de la sociedad, y de ninguna manera ser representantes de ninguna mafia. Un juez debe actuar impelido por una ética de la justicia y, asimismo, mostrar una conducta intachable, además de ser siempre valiente. Y pensar en la sociedad. El ciudadano de a pie espera que la Justicia juegue su rol.", señala Jorge Luis Martínez.
Sergio Moro: un héroe de visita
Foto: Difusión


Mg. Jorge Luis Martínez, autor de estas líneas

Hace 25 años, en Italia, un artefacto explosivo dio cuenta de la vida del Juez Giovanni Falcone, su esposa Francesca Morvillo y tres guardaespaldas que iban con ellos. El juez Falcone le había declarado la guerra a la “Cosa Nostra” y no mostró temor alguno a la hora de desplazarse hacia Sicilia. Pagó con su vida la osadía de enfrentarse al crimen organizado y poner en marcha “El Maxi Proceso de Palermo”. A raíz del cual cerca de quinientos mafiosos terminaron en prisión en 1986. Tras su muerte, el Juez Paolo Borsallino continuó con la labor iniciada por Giovanni Falcone. Pagaría caro su osadía; un coche bomba no solo acabó con él, sino también con cinco de sus guardaespaldas. La muerte del juez Borsallino unió a Italia en torno a la lucha que ellos habían emprendido. Considerados héroes en Italia, los jueces Falcone y Borsallino se han convertido en figuras emblemáticas de la lucha contra la mafia. Numerosas son las escuelas, plazas y calles que llevan el nombre de Falcone y Borsallino a lo largo y ancho de Italia.

En esa misma línea de acción se encuentra el Juez brasileño Sergio Moro, quien estuvo en Lima para participar en la Conferencia “Corrupción y Estado de Derecho”. Al haberse convertido en el puntal de la lucha contra la corrupción y, en ese marco, sentenciado y puesto tras los barrotes a empresarios y políticos brasileños inmiscuidos en actos de corrupción, el juez de 44 años se ha convertido en un verdadero héroe en Brasil. Al juez Moro no le ha temblado la mano a la hora de hacer justicia. Y ha hecho saber, respondiendo a la pregunta sobre cuántas empresas y funcionarios están involucrados en la investigación Lava Jato, que “Hay cien personas que ya han sido condenadas por este caso. Las principales empresas de construcción participaron en este esquema de corrupción con Petrobras. También hay empresas extranjeras que participaron en estos pagos. No es un problema de corrupción que solo afecta a Brasil. Hay una actividad criminal que pasa por varios países.” Dejando de esa manera en claro que el caso Lava Jato ha afectado a varios países de Latinoamérica. Abordando el caso de la figura de la prisión preventiva, el magistrado brasileño sostiene que “(esta) siempre es excepcional (…) es permitida en nuestra legislación por varios motivos, entre ellos prevenir la fuga, proteger las pruebas y también interrumpir la práctica de un crimen. Lo que hemos verificado en estos casos es que había varias personas que estaban envueltas en una práctica profesional de crímenes de corrupción y la legislación permite, en estos casos, la prisión para evitar estos crímenes”.

Lo que sucede en el Brasil difiere sustantivamente de lo que acontece en nuestro país. Ya que en el Perú, las empresas involucradas en actos de corrupción han firmado acuerdos preliminares. Desconocidos, dicho sea de paso, por el mismísimo Fiscal de la Nación. Peor aún, en el Perú el expresidente Alejandro Toledo recibió una sospechosa “ayuda” poco antes de que apareciese la prueba que cerró el círculo de su culpabilidad. Mientras que la señora Nadine Heredia, pregonando en todos los idiomas su inocencia, sigue libre a pesar de que un colaborador eficaz ha declarado que él mismo hizo entrega de una cantidad importante de dinero a la esposa del expresidente Ollanta Humala. El mundo, que duda cabe, al revés.

Esperemos pues que el paso de Sergio Moro por Lima haya acicateado la reflexión en nuestros jueces. Los magistrados tienen que actuar en beneficio de la sociedad, y de ninguna manera ser representantes de ninguna mafia. Un juez debe actuar impelido por una ética de la justicia y, asimismo, mostrar una conducta intachable, además de ser siempre valiente. Y pensar en la sociedad. El ciudadano de a pie espera que la Justicia juegue su rol.  

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