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Domingo 18 de julio 2010

Tres amigos salieron de pesca y se toparon con la tragedia del derrame

Un grupo de tres amigos se dirigía en su barco de diez metros de largo hacia la mejor zona de pesca, cerca de las plataformas petroleras de la costa de Louisiana.

 

El 20 de abril, una mañana tranquila y hermosa, pescaron con redes llenas. Comenzó a oscurecer, y a las 9:45 vieron, a lo lejos, una llamarada. Bradley Shivers tomó sus binoculares: “esto no se ve bien”, dijo a sus amigos Scott Russell y Mark Mead.

Shivers tomó el radio del bote y llamó a otra plataforma, pero no tardaron en escuchar “¡Mayday, Mayday, Mayday! ¡Somos el Deepwater Horizon! ¡Nos estamos incendiando y vamos a abandonar la plataforma!”

Después se escuchó la explosión. Los pescadores estaban a 28 kilómetros de ahí. Mead recuerda que de pronto sintió un golpe. “Fue como un avión que volaba muy bajo y muy rápido”, dijo Russel. “Sacudió al bote, y supimos que era algo grave”.

Shivers llamó por radio a la Guardia Costera: “Por favor, díganos cuánta gente cabe en su bote”, le preguntaron. “No sabemos, tal vez 20, 25, pero… no sé… es un bote pesquero… nunca se ha subido tanta gente”, respondió. De inmediato, Shivers pisó el acelerador del Rambling Wreck.

Al acercarse a las llamas, guardaron su equipo de pesca y sacaron chalecos salvavidas, flotadores y cuerdas.

Russell recuerda que sabían que había gente en el agua. “Debíamos estar listos para saltar”. Las llamadas de auxilio saturaban el radio, y los 20 minutos que les tomó llegar a la zona les parecieron una eternidad, y no sabían qué les esperaba a su llegada.

Los hombres siguieron comunicándose con la Guardia Costera, describiendo sus coordenadas y lo que escuchaban en la radio mientras se acercaban al Deepwater Horizon.

Fuego, fuego por todas partes

Por sólo un segundo se sintieron desanimados; las llamas atravesaban la superficie del agua, que alcanzaban 150 metros de altura… y se sentía el calor.   

La gente sacudía los brazos en el agua, heridos, gritando, y otros se aferraban a botes salvavidas. “¡Algunos amigos están desaparecidos, búsquenlos!”

El Deepwater Horizon era enorme, y su destrucción era tan grande que los amigos siguieron usando sus binoculares. “Veíamos algo flotando en el agua, y nos acercábamos para ver qué era, tal vez era una persona”, recuerda Shivers. Pero eran escombros.

El fuego era tan ruidoso… temían que hubiera algo debajo de su bote. Shivers pensó que si la plataforma explotaba más, provocaría que los escombros salieran disparados hacia ellos.

Russel permaneció en la proa, y le gritó a un hombre en un bote salvavidas que qué debía hacer: “¿quién está a cargo?, queremos ayudar, díganos qué hacer”.

Pero no le respondió, todo era un caos y la Guardia Costera aún no llegaba. Todo era confuso, ¿ya habían pasado horas? Así fue… eventualmente llegaron botes salvavidas adicionales, y cuando su trabajo terminó, los pescadores, sin palabras, regresaron a la costa.

El infierno en el mar

Meses después de la explosión, Mead está aterrado por lo que vio. Como marinero de cubierta veterano, una vez fue testigo de un incendio en un barco carguero, pero en comparación, el Deepwater Horizon fue un infierno.

“No saben los escalofríos que sentí cuando escuché Mayday… un navío en problemas es, de por sí, algo malo, y un Mayday… es cuestión de vida o muerte”, dijo, preguntándose si pudieron haber hecho más. “Siento una especie de culpa, aunque hicimos todo lo que pudimos”.

Cuando llegó a casa esa noche, 36 o 40 horas después, dijo que sólo necesitaba a su esposa, era todo lo que quería, y se quedó dormido llorando en sus brazos.

Mead, que ahora trabaja en los esfuerzos de limpieza de petróleo, no deja de pensar en esas horas intensas, y se pregunta qué hubiera pasado si hubieran pescado más cerca de la plataforma. “Pudimos haber estado ahí, pudimos haber formado parte de la lista de víctimas”, dijo. Ahora toma antiansiolíticos y aunque nunca discutían, ahora no se lleva bien con su esposa.

Además, Mead dijo que el derrame petrolero de BP destruyó su negocio de renta de botes.

Todos sus amigos están cansados. “Sobrevivimos los huracanes Ivan, Katrina, las crisis económicas, la caída de los mercados de bienes raíces… sabes… ¿y además tenemos que lidiar con esto? ¿Cuánto más tendremos que soportar? De verdad, sólo me enfurezco”.

Sus amigos dicen que lo más insultante es que no han recibido respuesta de BP o de Transocean, la dueña de la plataforma, después de varios intentos, para compartir lo que vieron. Les han dejado mensajes y han enviado correos, dijo Shivers.

“Queremos decirles que nosotros estuvimos ahí, y queremos decirles lo que vimos, darles información que pueda ayudarles”, dijo Shivers, “pero no nos han llamado, nadie nos ha buscado”.

Los hombres planean demandar a BP por daño emocional, pero BP no respondió a las solicitudes de CNN para esta historia.

“¿Sabes? Los muchachos, los que estaban ahí la noche, esa noche en la plataforma”, dijo Russel. “Nos agradecieron”, agregó Mead.

Los tres hombres que estuvieron esa noche en el Golfo, que conocen a los trabajadores, quieren que nadie se olvide de los hombres que murieron ese día.

“Hay 11 familias que ya no tienen un papá, que se quedaron sin un esposo”, dijo Mead. “Eso no le debe pasar a nadie que vaya a trabajar”.

CNNMexico

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